lunes, 28 de septiembre de 2026

Catedral de Burgos en 1869

 


La fuerza del báculo y la justicia en el magnicidio de la catedral de Burgos en 1869

Un obispo arrestado por la autoridad en su palacio, junto a 13 canónigos y cuatro seminaristas, un asesino juzgado y perdonado, un seminario cerrado y un torero metido a comisario de policía forman un cóctel curioso en la muerte de Isidoro Gutiérrez de Castro

Las campanas de la Catedral de Burgos tañían con urgencia un 28 de enero de 1869. Lo que comenzó como un rumor sordo sobre el inventario de los archivos y bienes eclesiásticos decretado por el Gobierno provisional estalló, sin preaviso, en un motín incontrolable. Sin embargo, más allá de la violencia desatada en las naves del templo y del trágico asesinato del gobernador civil, Isidoro Gutiérrez de Castro, los ecos más profundos de aquella jornada convulsa resonaron despacio en los despachos episcopales, los silencios del cabildo y las aulas del seminario.


En el centro de la tormenta política se hallaba el arzobispo de la diócesis. O al menos así lo cuenta la prensa de la época más alejada del ámbito burgalés, lo que presupone que fue más objetiva, basada en diferentes testimonios de un lado y de otro; se trata de la edición del 29 de enero de 1869 de dos periódicos madrileños, El Siglo y El Estandarte.

El obispo Anastasio Rodrigo Yusto estaba postrado en la cama desde hacía días a causa de una salud quebrantada, el prelado oyó el tumulto rugiendo al otro lado de sus muros. La respuesta fue inmediata: a pesar de su debilidad, cruzó el umbral de su palacio y se adentró en la plaza con la intención de apaciguar a las masas mediante el diálogo. Su empeño no fue infructuoso del todo; entre gritos y confusión, logró rescatar a un alcalde de barrio al que la muchedumbre rodeaba con fatales intenciones, dándole cobijo y salvándole la vida en su propio palacio.

Intentando una segunda incursión para frenar el desastre cuando ya era demasiado tarde, el arzobispo recibió la noticia del magnicidio por los pasillos que conectaban su residencia con la puerta de la Sacramental. Ironías del destino o refugio obligado, aquellas mismas dependencias arzobispales terminaron acogiendo horas después al secretario del gobierno civil y al comisionado estatal, quienes hallaron allí la protección que la calle les negaba.


Aun así, la sombra de la sospecha gubernamental no tardó en cernirse sobre la mitra. Con el paso de las horas y tras declararse el estado de guerra, el propio arzobispo acabó retenido en su palacio por orden judicial, mientras la maquinaria de la justicia militar ponía el foco de manera implacable sobre la estructura eclesiástica.

El Cabildo catedralicio tampoco se libró de la tempestad. El deán, el provisor y varios canónigos —cuyo número oscilaba entre cuatro y trece según las crónicas del momento— desplegaron inicialmente cuantos esfuerzos tuvieron en su mano para calmar los ánimos. No obstante, la reprobación oficial de los hechos no bastó para blindarlos ante las autoridades.

La red de detenciones se extendió con rapidez quirúrgica por media región: hubo arrestos de eclesiásticos en Pamplona, clérigos incomunicados y hasta cuatro seminaristas apresados en Miranda de Ebro que terminaron a disposición de la justicia. La culminación de este castigo institucional llegó con una orden tajante e inapelable: el cierre fulminante del seminario burgalés en el plazo de veinticuatro horas.


Mientras la prensa de la época —desde El Pensamiento Español hasta los ecos de El Estandarte— debatía sobre la presencia de vigilantes armados y las intrigas del momento, la maquinaria judicial avanzaba implacable. Las prisiones se abrieron para acoger a cerca de sesenta sospechosos entre cárceles y presidios, tejiendo una causa sumarial que duraría meses.

Paradójicamente, aquella dureza inicial en los calabozos chocó frontalmente con la moderación de los tribunales. De los más de un centenar de encausados civiles, apenas uno afrontó una condena a pena capital, y esta acabaría siendo conmutada por cadena perpetua antes de que el reo recuperara la libertad tres años más tarde. Entre absoluciones por falta de pruebas y condenas menores marcadas por el temor a revueltas populares, la tormenta judicial amainó.


Pero para la Iglesia de Burgos, el precio había sido alto: el seminario clausurado, el clero bajo sospecha y un arzobispo confinado en su propio palacio como mudo testigo de cómo la política nacional había asaltado, por la fuerza de los hechos, los cimientos del mundo sagrado.

Fuente: Burgos conecta



sábado, 12 de septiembre de 2026

¿Cómo afecta el superniño a España? Lo peor está por venir

 



Aunque este año no tendrá un efecto directo sobre España, más allá de un otoño más cálido de lo habitual, el mayor riesgo viene en 2027


El episodio de El Niño que se está formando en el Pacífico tropical podría ser el más intenso desde hace más de un siglo, y la Organización Meteorológica Mundial prevé que domine los patrones climáticos globales al menos hasta febrero de 2027, y que empuje el año próximo a batir el récord histórico de temperatura media.

El vínculo con España no es directo, pero lo sufriremos

La Agencia Estatal de Meteorología ya advierte de que no hay una correlación directa entre la ocurrencia de El Niño y los efectos en nuestro país. El fenómeno de El Niño no es un interruptor climático aquí como lo es en el Pacífico", ya que los patrones atmosféricos que gobiernan el tiempo en la Península son muy variables.

El tiempo en España depende de muchos factores: la circulación atlántica, la posición del anticiclón de las Azores, las borrascas, las DANAs y la influencia del Mediterráneo. El Niño actúa a distancia y de forma indirecta, e influye sobre todos esos sistemas.

Por eso hay que dejar claro que el calor intenso que ha golpeado la Península en los últimos meses no lo ha causado El Niño. El fenómeno se encuentra aún en una fase inicial, sin capacidad para reorganizar la circulación atmosférica europea en verano. El calor extremo de 2026, con sus picos por encima de los 40 grados en amplias zonas de España, se explica por el cambio climático acumulado, no por el fenómeno del Pacífico. El grupo World Weather Attribution concluyó que esas temperaturas habrían sido prácticamente imposibles en esta época del año remontándonos tan solo a 1976.

Un otoño más cálido y más lluvioso

Los estudios realizados con modelos climáticos indican que durante un episodio de El Niño intenso como el de este 2026, hay una tendencia a que el Mediterráneo occidental reciba alrededor de un 10% más de lluvia durante los meses de otoño. Esta señal se ha asociado en otros episodios con un comienzo más temprano de la temporada de lluvias y con alteraciones en el transporte de humedad desde el Atlántico hacia Europa occidental. Sin embargo, la relación cambia mucho entre décadas y no aparece con la misma claridad en todos los episodios.

Es muy probable que 2027 sea el año más caluroso de la historia

Es decir, hay más probabilidad de que el otoño sea cálido y húmedo que de que sea seco y fresco, pero la distribución de esas lluvias será muy irregular. Una parte de España puede tener un otoño húmedo mientras otra permanece seca. El riesgo de episodios de precipitación intensa en el área mediterránea también aumenta, ya que las DANAs tienden a ser más virulentas cuando la temperatura del Mediterráneo está por encima de lo habitual, como ocurre ahora. Es el tipo de lluvia que cae en pocas horas y genera inundaciones, lejos de llenar embalses de forma eficiente.

Un invierno más lluvioso, con mucha incertidumbre

Para el invierno de 2026-2027, los modelos apuntan a una tendencia hacia condiciones más templadas y húmedas de lo habitual en la mayor parte de la Península. Algunos estudios muestran que los inviernos durante episodios intensos de El Niño han coincidido históricamente con más lluvias en el cuadrante suroeste peninsular y en Canarias. Para una España que lleva años acumulando déficit hídrico, un invierno algo más lluvioso sería una buena noticia para los acuíferos y los embalses. La relación, con todo, no es estable entre episodios: hubo El Niños muy fuertes que dejaron inviernos secos en España, y otoños húmedos sin ningún El Niño de por medio. La incertidumbre es parte del pronóstico.

El escenario de 2027 y la temperatura de fondo

El efecto de El Niño más relevante para España podría ubicarse en el año que viene, más que en las próximas semanas. Cuando el fenómeno alcance su madurez, a finales de 2026 y principios de 2027, se superpondrá al calentamiento de fondo del planeta. El Met Office del Reino Unido estima que 2027 es muy probable que sea el año más caluroso de la historia.

Para España, que ya experimenta veranos cada vez más extremos y prolongados, esa superposición podría traducirse en nuevos récords de temperatura y en una mayor presión sobre el agua, la agricultura y la salud pública. Los cultivos mediterráneos como el olivar, los viñedos y los cítricos ya están sometidos a un estrés hídrico creciente, y un año de temperaturas históricas los estrecharía aún más.

El Niño no explica el verano que hemos tenido, pero podría influir en el otoño y el invierno que vienen, así como en el verano siguiente, que podría hacer el de este año parecer fresco. Este fenómeno natural opera ahora sobre un clima ya calentado por décadas de emisiones, lo que amplifica todo lo que toca

Fuente: Quo