viernes, 12 de enero de 2018

¿Qué impulsa nuestros hábitos de control?



La mayoría de nosotros al irnos a dormir, de repente pensamos: "Espera, ¿cerré la puerta de casa?" (Y lo comprobamos incluso varias veces). Para algunas personas, esto puede ser un acto completamente normal pero, para otras, puede evidenciar un trastorno de ansiedad. Según los expertos, el punto de inflexión está en tener miedo a perder el control

Si nos imaginamos a una persona que revisa que la puerta de su casa está cerrada una docena de veces y da varias vueltas a su casa para estar completamente seguro de que todo está bien, probablemente estemos ante un caso de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), un tipo de trastorno de ansiedad caracterizado por una tremenda obsesión por el control -intentando controlar lo incontrolable- y con pensamientos recurrentes y negativos al respecto.

Sin embargo, muchos de nosotros estamos expuestos a explosiones repentinas de incertidumbre. ¿Apagamos el gas antes de irnos a nuestras vacaciones? ¿Cerramos todas las ventanas de la casa? O peor aún, ¿nos olvidamos a uno de los pequeños en casa?

Las distracciones y las prisas para llegar a tiempo a donde necesitamos ir, dan como resultado estos lapsus de memoria y la conmoción repentina cuando nos damos cuenta de que no estamos seguros de si hicimos todo lo que deberíamos haber hecho.

Una nueva investigación de la Universidad de Concordia en Montreal (Canadá) sugiere que ese temor a perder el control puede dar como resultado un comportamiento recurrente de control (obsesión por el control). Esto, según los expertos, puede ser el núcleo de muchos trastornos de ansiedad, incluido el TOC.

"Hemos demostrado que las personas que creen que van a perder el control son significativamente más propensas a mostrar un comportamiento de control con mayor frecuencia", comenta Adam Radomsky, coautor del trabajo en la revista Journal of Obsessive-Compulsive and Related Disorders.

"Cuando tratamos el TOC en la clínica, podemos tratar de reducir las creencias [de los pacientes] sobre perder el control y eso debería reducir sus síntomas", aclara Radomsky

El experimento

Los expertos contaron con 133 participantes reclutados entre la cohorte de estudiantes de pregrado a los que facilitaron falsos electroencefalogramas -usados para medir la actividad eléctrica del cerebro-, asignándoles comentarios falsos al azar acerca de que tenían un riesgo bajo o alto de perder el control sobre sus pensamientos y acciones.

Una vez convencidos los voluntarios de que tenían el control completo sobre sí mismos o corrían el riesgo de perder el control, los científicos les pidieron que completaran una tarea informática que requería "controlar el ritmo de las imágenes" haciéndolas desaparecer antes de que desaparecieran de la pantalla.

Sin embargo, lo que los participantes no sabían era que no tenían ningún control real sobre las imágenes, que estaban programadas para moverse dentro y fuera de su vista en momentos específicos.

Los científicos descubrieron que los participantes que estaban convencidos de estar en mayor riesgo de perder el control de sus acciones se involucraron en un comportamiento de control más meticuloso que sus otros compañeros, a quienes se les dijo que probablemente mantendrían el control.

Los hallazgos verificaron la hipótesis de trabajo inicial de los investigadores. "Los temores y creencias de las personas sobre perder el control pueden ponerlos en riesgo de una gran variedad de problemas, incluyendo trastorno de pánico, fobia social, TOC, trastorno de estrés postraumático, ansiedad generalizada desorden y otros ", dice Radomsky.

Según Radomsky, "este trabajo tiene el potencial de mejorar enormemente nuestra capacidad para comprender y tratar toda la gama de problemas relacionados con la ansiedad".

Así las cosas, controlar el comportamiento equivaldría a un menor deseo de control.
fuente: muy interesante







domingo, 31 de diciembre de 2017

martes, 12 de diciembre de 2017

Un árbol que da 40 tipos de frutas




¿Es una escultura? ¿Es una maravilla de la jardinería? Es todo eso y se trata de un solo árbol frutal con múltiples injertos.

El escultor estadounidense Sam Van Aken concibió el "árbol de 40 frutas"como una especie de Frankenstein natural. El árbol, que ya ha sido plantado en distintas localizaciones en Estados Unidos, es producto de una idea que deseaba mezclar medios inusuales, algo muy habitual en los artistas. En este caso, en vez de pinceles y lápices, tenemos árboles y frutas.

 El proyecto 'Tree of 40 Fruit', se compone de una serie de árboles frutales híbridos. A través del injerto, Van Aken, que también es profesor de arte en la Universidad de Siracusa en Nueva York (EE. UU.) ha cultivado más de 40 variedades de frutas como ciruelas, albaricoques y cerezas, en un árbol individual. Cada árbol produce 40 tipos de frutas de hueso, del género Prunus, que maduran secuencialmente de julio a octubre en este país.

"Quería tener un árbol que floreciera en diferentes colores", comenta Van Aken, que aprendió sobre los injertos cuando era niño. "Vi a mi abuelo hacerlo, y fue lo más mágico e increíble que he visto nunca. Cogió una rama de un árbol de melocotón y se la puso a otro árbol. Dijo, 'espera aquí, y para la próxima primavera comenzará a crecer y se convertirá en otra rama', y efectivamente eso ocurrió".


Ese trasfondo familiar en la agricultura llevó a Van Aken al uso de este medio tan curioso para crear arte.
Desde que comenzó el proyecto hace unos ocho años, ha creado más de una veintena de árboles de 40 frutas, la mayoría ellos se encuentran en exhibición en América del Norte, ya sea en jardines comunitarios, museos o colecciones privadas (en Arkansas, Kentucky, Maine, Massachusetts, Nueva Jersey, Nueva York, Pensilvania...). Otros, han viajado a Suecia e incluso en China.

La intención de Van Aken es manipular la naturaleza para realzar su belleza. Este tipo de iniciativa tiene su condicionante: para ver si un injerto ha fructificado hay que esperar años y hay que tener sumo cuidado con la poda y las zonas estratégicas en las que se colocan los injertos, así como trabajar en torno al ciclo de crecimiento de cada fruta que se emplea.

"Ver los árboles en primavera todos los años, sigue siendo una sorpresa para mí. Cuando los ves florecer... están evolucionando, están cambiando. Cada año, cada árbol individual se vuelve diferente", aclara Aken.

 Aparte de los múltiples colores que muestran estos árboles híbridos, ofrecen toda una suerte de frutas en el mismo árbol: melocotones, albaricoques, ciruelas, cerezas, nectarinas... Como hemos visto, el artista 'diseña' cada uno de los árboles, seleccionando especies que florezcan y produzcan frutos en distintos momentos del año para aprovechar todo su potencial y belleza. Así, en una estación, crecen ciruelas y nectarinas; en otra albaricoques y cerezas y así sucesivamente.

La meta última de Van Aken es colocar pequeños huertos urbanos llenos de estos árboles por todo el planeta, algo que puede aumentar la diversidad de frutas en general, así como cumplir con su otro deseo de difundir su arte globalmente y que todo aquel que se tope con uno de estos árboles se haga preguntas sobre su origen.
fuente: muy interesante 


martes, 5 de diciembre de 2017

Saltarse el desayuno: consecuencias



¿Cómo afecta al organismo tener hábitos alimenticios irregulares como no desayunar?

¿El desayuno nos ayuda a perder peso o tiene el efecto opuesto? Lo cierto es que existen estudios contradictorios en este sentido. Así, un gran estudio poblacional publicado en la revista The Journal of Nutrition, sugiere que un desayuno abundante nos ayuda a evitar tomar otros bocados durante el día, lo que mantiene a raya el aumento de peso. Otro estudio, publicado en la revista British Journal of Nutrition, exponía que saltarse el desayuno no afecta a nuestra ingesta de calorías a lo largo del día. Sin embargo, la mayoría de estos estudios son observacionales y no pueden decirnos mucho sobre los mecanismos que están detrás de la pérdida de peso, nuestro metabolismo y el desayuno.

 Una nueva investigación desarrollada por la Universidad de Bath (Reino Unido) y publicada en la revista Journal of Physiology ha explorado los efectos metabólicos de tomar o de saltarse el desayuno. El estudio, dirigido por Javier González, examina cómo afecta el desayuno al metabolismo y a las células grasas de las personas delgadas y obesas.

Los expertos pidieron a 49 participantes adultos que desayunaran o ayunaran hasta el mediodía, todos los días, durante 6 semanas. De los participantes, 29 se clasificaron como "delgados" y 20 como "obesos", de acuerdo con su índice de masa corporal (IMC). Los participantes en el grupo de desayuno consumieron 350 kilocalorías dentro de las 2 horas posteriores al despertar, mientras que los del grupo de ayuno no consumieron nada hasta el mediodía.

Tanto antes como después, el equipo examinó los marcadores de salud cardiometabólica de los voluntarios, sus respuestas al apetito y su distribución de grasa corporal. Además, monitorearon la actividad de 44 genes que regulan proteínas clave, y la capacidad de las células grasas para usar glucosa en respuesta a la insulina.

 Los delgados obtienen beneficios por saltarse el desayuno
Los resultados determinaron que, en las personas delgadas, saltarse el desayuno durante 6 semanas aumentó la actividad de los genes que ayudaron a quemar grasa, por lo tanto, mejoró el metabolismo. Sin embargo, este efecto no se observó en los adultos obesos.

Así, en los individuos obesos, las células de grasa no podían tomar tanta glucosa en respuesta a la insulina como lo hicieron las personas delgadas. Este efecto parece ser proporcional a la grasa de todo el cuerpo del individuo.

Los investigadores creen que este es un mecanismo de adaptación en las personas con obesidad, donde su cuerpo está tratando de limitar la cantidad de glucosa que pueden tomar sus células adiposas, por lo que evita almacenar grasa adicional.

"Al entender mejor cómo responde la grasa a qué y cuándo comemos, nos puede ayudar a centrarnos más en esos mecanismos. Podemos descubrir nuevas formas de prevenir las consecuencias negativas de tener una gran cantidad de cuerpo graso, incluso si no podemos deshacernos de ella ", explica González.

El estudio, sin embargo, tiene limitaciones, pues los participantes tomaron desayunos con alto contenido de carbohidratos, de ahí que no sea posible extrapolar estos hallazgos a otros tipos de desayunos, especialmente aquellos con alto contenido de proteínas.


"Nuestros estudios futuros también explorarán cómo el desayuno interactúa con otros factores del estilo de vida como el ejercicio", finaliza González.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Cuántas veces al día se debe hacer caca?



Los hábitos intestinales dicen mucho sobre nuestra salud y cómo de bien está funcionando nuestro cuerpo. ¿Qué es lo normal y qué no?

Aunque puede ser vergonzoso hablar sobre evacuaciones intestinales, pueden ofrecernos pistas valiosas sobre lo que está sucediendo en el organismo. Hoy os mostramos las respuestas a algunas preguntas relacionadas con hacer caca que probablemente te resulten demasiado embarazosas hacerlas tú mismo.

¿Cuántas veces al día es lo normal?
 En este caso, lo que es normal para una persona puede no serlo para otra. Un estudio de 2010 publicado en la Revista Escandinava de Gastroenterología encontró que el 98% de sus participantes iba al baño entre 3 veces a la semana o incluso 3 veces al día (después de cada comida prácticamente). No hay una cifra correcta para todos, pues la mayoría de las personas tiene su propia rutina para ir al baño la misma cantidad de veces al día y durante el mismo tiempo. Desviarse significativamente del patrón regular puede considerarse saludable, pero también puede indicar el desarrollo de un problema estomacal o intestinal.

¿Qué factores afectan a la frecuencia con la que hacemos caca?
La frecuencia con la que una persona va al baño puede variar mucho y depende de una variedad de factores que incluyen:

Ingesta de líquidos

Debido a que el intestino grueso absorbe el exceso de agua, no beber suficientes líquidos puede endurecer la caca y hacer que sea más difícil de eliminar.
 La fibra es una sustancia esencial para tener evacuaciones sanas

Edad

El estreñimiento a menudo se asocia con el envejecimiento, pues hace que el intestino disminuya su velocidad, por lo que la caca no pasa tan rápido. Además, es más probable que una persona mayor tome medicamentos que puedan interferir con sus hábitos habituales de defecar.

Actividad física

Mantenerse activo ayuda a que el colon funcione mejor y mueve las heces a través de los intestinos de manera más eficiente. Cuando alguien experimenta estreñimiento o unadigestión lenta, salir a caminar o correr puede ayudar a que todo se mueva con más regularidad

Dieta

 Una dieta alta en fibra nos ayudará a tener deposiciones más regulares. Una dieta que carece de fibra puede provocar estreñimiento u otros problemas digestivos. Y es que lo que come una persona juega un papel importante en la frecuencia con la que va al baño.

Historial médico

Algunas afecciones médicas y medicamentos pueden afectar la salud intestinal y hacer que una persona vaya al baño más o menos a menudo de lo normal. Las enfermedades inflamatorias del intestino, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, e incluso un virus básico de la gripe estomacal, pueden cambiar la frecuencia con la que una persona hace caca.

Hormonas

Algunas hormonas, como la progesterona y el estrógeno, pueden afectar la frecuencia conque una mujer va al baño. Por ejemplo, algunas mujeres experimentan una mayor frecuencia de defecación en los días previos y al comienzo de su período.

¿Qué es lo normal?

Los hábitos saludables del intestino significan que alguien está defecando regularmente y que la caca es suave y se expulsa fácilmente. Los movimientos intestinales regulares permiten que el colon se vacíe sin dolor o incomodidad.

¿Qué NO es normal?

 Las heces acuosas (diarrea) indican que se están moviendo a través del colon muy rápidamente, generalmente como resultado de irritación, como una infección u otra fuente de inflamación.

Tener diarrea crónica puede provocar deshidratación o desequilibrios electrolíticos.También puede conducir a falta de nutrientes en el organismo porque el intestino no puede absorberlos cuando la caca se mueve tan rápido.
Muy interesante.


lunes, 6 de noviembre de 2017

¿Cuántos pasos es recomendable caminar al día?




Existe la idea común de que llegar a 10.000 es lo óptimo, pero un estudio reciente realizado con carteros escoceses lo amplía a 15.000 diarios.

Hace más de medio siglo, en 1965, el médico japonés Yoshiro Hatano calculó que, para gozar de una salud de hierro, había que caminar 10.000 pasos al día, entre siete y ocho kilómetros según la longitud de la zancada. El facultativo nipón apuntaba a que, además de prevenir dolencias cardiovasculares, así se quemaban el 20% de las calorías que ingeríamos diariamente. Una recomendación que incluso la Organización Mundial de la Salud, el Centro estadounidense para el Control de Enfermedades (CDC) o la American Heart Foundation hicieron suya y que incluyen como objetivo por defecto muchas apps y medidores electrónicos actuales de actividad física.

Veinte años antes de Hatano, un famoso estudio británico llamó por primera vez la atención sobre la necesidad de moverse, de dedicar una parte del día, por lo menos, al paseo: los investigadores de la época descubrieron que los cobradores de los autobuses londinenses, que debían desplazarse por los pasillos, sufrían menos dolencias cardiacas que los conductores, “ amarrados” permanentemente a sus asientos. De ahí se pasó al citado paradigma de los 10.000 pasos y a la moda actual del power walking, que defiende las virtudes del paseo a buen ritmo como al alternativa al running. Según sus adeptos, practicarlo mejora el sistema musculoesquelético, retrasa la aparición de la artrosis, facilita la digestión e incluso reduce el riesgo de sufrir cáncer de colon.

Pero ¿son suficientes 10.000? ¿Tiene fundamento este número redondo? Pues un riguroso estudio científico, uno de los primeros que se han llevado a cabo para confirmar o desterrar al mito, acaba de corregirles al alza: en realidad, hay que llegar... ¡a los 15.000!

A quien amedrente ese objetivo de 15.000 pasos, Tigbe da algunas recomendaciones. Una opción es “hacer los deberes” de una sola vez: a un ritmo rápido, de unos seis kilómetros y medio por hora, el reto se supera en apenas dos horas. La otra alternativa es hacerlo por partes: media hora antes de ir a trabajar, pequeños descansos de diez minutos sin estarnos quietos, otra caminata para volver a casa, etcétera.



viernes, 3 de noviembre de 2017

¿Cuáles son los pescados más sanos?



Por paradójico que resulte, cuanta más grasa contiene un pescado, más beneficios le reporta a la salud. Después de todo, no hay que olvidar que dicha grasa está formada principalmente por omega-3, un ácido graso que es incapaz de producir nuestro cuerpo por sí mismo. Este compuesto hoy tan prestigioso reduce los niveles de colesterol en sangre, mantiene nuestras arterias sanas y libres de trombos y previene los problemas cardiacos. Además, reduce de forma natural los niveles de tensión arterial. Pero, ¿cuáles son las mejores fuentes de este nutriente?

El llamado pescado blanco –bacalao, lenguado, rape, merluza, rodaballo...– es sedentario, no necesita hacer acopio de grandes reservas de energía y solo posee un 1-2 % de grasa en su cuerpo. Eso sí, es una fuente de proteínas muy saludable y poco calórica, además de aportar vitaminas del complejo B. Por su lado, pescados azules como las sardinas, los salmones y los atunes son trotamundos, realizan larguísimos desplazamientos a lo largo de su vida y eso los lleva a acumular entre un 5 % y un 10 % de grasa entre sus músculos. Teniendo en cuenta que también aportan proteínas en cantidad y calidad similares al huevo y la carne, su caché gastronómico y nutricional a estas alturas está por las nubes.

Según las últimas investigaciones, el consumo de omega-3 no solo mejora nuestra salud cardiovascular, sino que  también beneficia al funcionamiento del cerebro. Un estudio de la Universidad de Alberta (Canadá) demostró que las neuronas encargadas de almacenar información en el hipocampo, la sede de la memoria, se comunican mejor unas con otras cuando los niveles de omega-3 son elevados. Asimismo, que por nuestras venas fluya este nutriente en abundancia previene la depresión y mejora el estado de ánimo. Por si fuera poco, otra reciente investigación de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, ha sacado a relucir que su consumo mejora la calidad del sueño, pues reduce los problemas para conciliarlo y las interrupciones nocturnas.

El pez grande se come el mercurio


Pero, ¡atención ictiófagos! Comer pescado en grandes cantidades también tiene sus contraindicaciones, sobre todo si tenemos en cuenta que algunos de ellos son más propensos a acumular mercurio. Concretamente, esta sustancia nociva estaría más presente en los peces grandes, los predadores que se encuentran al final de la cadena alimenticia. Por ejemplo, los tiburones se comen muchos peces pequeños, los cuales a su vez ingieren el mercurio depositado en el plancton… Aparte de este escualo, otras especies disponibles en las pescaderías, como el pez espada, la caballa y los blanquillos (de la familia Malacanthidae), también pueden contener dosis elevadas del elemento químico.
El mercurio debe ser evitado, sobre todo, por las mujeres embarazadas y los niños de corta edad –hasta 30 meses–, ya que puede afectar al desarrollo neurológico tanto de los fetos como del individuo durante su primera infancia. De todos modos, los expertos no aconsejan eliminar totalmente los pescados citados de la dieta, sino limitar su consumo a dos veces por semana.

Opciones óptimas si combinamos el alto contenido en omega 3 con los bajos niveles de mercurio serían el salmón, la trucha, el arenque, la sardina y, entre los mariscos, la ostra.
Fuente: muy interesante.