domingo, 31 de mayo de 2026

La extraña Virgen de la sonrisa de la Mona Lisa

 


Hace más de un siglo, una talla de la Virgen María apareció tras un muro, escondida en un pueblo de Burgos quizá de los bandidos y con un misterioso personaje cuyo nombre aparecía junto a la talla

La Virgen sonríe en Arraya de Oca. Es una sonrisa leve, casi imperceptible, calcada a la de la Mona Lisa. Una mueca de serenidad milenaria que ha permanecido intacta, a oscuras, mientras el mundo exterior cambiaba de siglo entre el XIX y el XX. El periodista burgalés Eduardo Ontañón escribía sobre este hallazgo en la revista Estampa allá por los años 30. Relataba como en los bancos de la iglesia, una anciana que espera la misa de la tarde la miraba y susurraba, mitad compasiva, mitad asombrada, «Pobrecita. Tanto tiempo escondida y sin decir nada». Es la Virgen de Arraya de Oca.


Pero la talla no necesita hablar. Le basta con esa mirada perdida que, durante generaciones, atravesó el ladrillo y el yeso de su encierro. La figura es imponente en su tosquedad. Los expertos la sitúan entre finales del siglo XIV y principios del XV. Hay algo perenne en su encanto, una mezcla de ingenuidad y gracia depurada en los rostros de la Virgen y el Niño que desarma a cualquiera. Sin embargo, su valor artístico no es lo único que estremece a este pueblo de la provincia de Burgos.

Lo verdaderamente inquietante es el vacío. El silencio absoluto que la rodeaba. ¿Pero es posible que no hubiera ni un solo recuerdo? ¿Ni una leyenda transmitida de abuelos a nietos sobre esta imagen? —le pregunto al párroco, don Manuel Carcedo. «Nada, en absoluto» —responde el cura, un hombre simpático que aún no ha salido de su asombro—. Cuando apareció, «todos nos quedamos maravillados».

Un milagro entre los escombros

Don Manuel recordaba el día exacto del hallazgo con una lucidez casi mística. Había viajado a la capital a pedir, por enésima vez, fondos para arreglar la iglesia, destartalada desde que un incendio la dejó en ruinas. Volvía decepcionado, con los bolsillos vacíos de dinero y llenos de promesas institucionales en las que ya no creía.

Entonces, al enfilar la cuesta del pueblo, los niños le salieron al encuentro gritando, atropellándose las palabras: «¡Don Manuel, que los albañiles han encontrado una imagen empotrada en el muro!».

Al principio no les entendió. Pensé que habrían sacado alguna estatuilla pequeña de entre los cascotes. Pero cuando entró al templo y vio la pieza tan hermosa... creyó que soñaba. ¡Providencia Divina!, pensó. Cuando le faltaba la fe en los hombres, Dios premió sus esfuerzos.

Los albañiles, Félix y su compañero, reviviann la escena con una mezcla de orgullo y respeto reverencial. Estaban colocando una viga en el muro del coro cuando el terreno cedió. «Oye, Félix, que esto está hueco», avisó uno. Al asomarse por el boquete, entre el polvo suspendido, divisaron un bulto. Al estar de espaldas, al principio pensaron que se trataba de un simple cajón de madera vieja. No lo era.


Por fuera, el muro no revelaba nada. El único indicio era una grieta en el coro que el párroco llevaba tiempo observando, convencido de que se trataba del hueco de una antigua ventana tapiada. Era, exactamente, el reverso del nicho donde la Virgen esperaba su regreso a la luz.

El enigma de 1789

Quienquiera que la escondiese, quería dejar constancia de su acto, pero solo para aquellos que supieran buscar. En un trozo de pared recortado y guardado con celo por el pueblo, se conserva una inscripción grabada con lo que parece ser plomo. Una caligrafía perfecta, casi quirúrgica: «Me metió Jacinto Chave».

Justo debajo, en mayúsculas bien dibujadas, una fecha: Año 1789. Los obreros juraban que en el yeso original, tras el nombre, se podía leer otra pista: «Vecino de Rubena».

Aquí es donde el reportaje se convierte en misterio de biblioteca y archivo. ¿Quién era este Jacinto Chave, un hombre de otro pueblo, para encargarse de semejante tarea? ¿Por qué ocultaron la talla en 1789, un año en el que, teóricamente, no ocurría nada turbulento en España que justificara emparedar el patrimonio sagrado? ¿Y cómo es posible que se borrara de la memoria colectiva de los ancianos un secreto de tal calibre?

Las hipótesis flotan en el aire del templo de forma inevitable. El convento abandonado, a un kilómetro de allí, a las puertas del monte, yacen las piedras desparramadas de un antiguo convento franciscano. ¿Perteneció la Virgen a ese lugar? ¿Se la disputaron los pueblos vecinos y este fue el método drástico para asegurar su posesión?

Alguien entre los vecinos apunta otra posibilidad. Por aquella época, los Montes de Oca eran un nido de salteadores y bandoleros. Quizá el miedo al saqueo obligó a levantar el muro. Ocultar tesoros no es una práctica extraña en la zona.

Fuente: burgos conecta

lunes, 11 de mayo de 2026

PINEDA DE LA SIERRA (BURGOS)



Para llegar a Pineda de la Sierra hay que coger la conocida en Burgos como “Carretera de los Pantanos”. Está a 50 kilómetros de distancia de la capital. También desde Salas de Los Infantes, por la carretera que se dirige a Nájera, desviándonos hacía el Puerto del Manquillo.


De Pineda de la Sierra tenemos noticias escritas desde el año 932, a través de la documentación del monasterio de San Pedro de Cardeña, señalada con el nombre de “Pineta” de significado obvio. En este pequeño asentamiento de repoblación, debió de establecerse muy pronto la explotación ganadera pues a principios del siglo XI, el conde Don Sancho le concede fueros sobre el ganado, que fueron confirmados por los monarcas Alfonso VII y Sancho IV. En el año 1287 consigue la exención de impuestos, en toda Castilla, para la trashumancia de 15.000 cabezas de ganado ovino. La ganadería produjo riqueza durante mucho tiempo y eso se refleja en las casonas, casi palacios, construidas en el pueblo. Otra riqueza fue la minería, ya que aquí se explotaron minas de cobre, plomo, hierro, cinc y carbón durante el siglo XIX hasta mediados del XX. Es el motivo de que el ferrocarril minero, hoy convertido en Vía Verde, pasase por esta población camino de Bezares desde la capital burgalesa.

Pero si hay una excusa para visitar Pineda de la Sierra es su iglesia. Bajo la advocación de San Esteban es una obra románica de primer orden dentro de la Sierra de la Demanda. Construida en el siglo XII por discípulos del primer maestro de Silos, es de una sola nave con ábside y torre. Aunque ha sufrido modificaciones a la hora de agrandarla en siglos pasados, conserva todo el esplendor de lo románico en casi todo el edificio. El exterior del ábside contiene tres columnas, que separan los cinco paños,  rematadas con capiteles decorados con motivos vegetales y animales a igual que las tres ventanas que se abren en sus muros. Los canecillos están decorados de diferentes animales y seres fantásticos, aves, vegetales, etc. La torre cuadrada también tiene partes románicas. En lo alto tiene troneras para las campanas.



Otro edificio religioso es la ermita de Santo Cristo, también de origen románico y reformada en los años 90 del siglo pasado. Para acceder a ella debemos pasar por el bonito Puente del Canto, sobre el río Arlanzón. En ella se celebra una romería el 14 de septiembre.




viernes, 8 de mayo de 2026

Se acaba el chocolate, esta puede ser la salvación



Las plantaciones de chocolate y la selva que las sostiene están en peligro, pero hay una solución y está en las rocas

El chocolate, ese placer irresistible cuyo nombre científico, Theobroma cacao, significa literalmente alimento de los dioses, que lleva endulzando nuestra vida más de 5.000 años, ahora está en peligro. Satisfacer la demanda de este dulce es cada vez más difícil, la pasión por el chocolate ha elevado el consumo hasta tal punto que muchos productores se han estado talando selvas tropicales para dar paso a nuevas plantaciones, destruyendo ecosistemas ricos en biodiversidad y carbono.

Los suelos tropicales pierden nutrientes rápidamente por el calor y las lluvias intensas, las raíces de los árboles no retienen bien lo esencial y la acidez del suelo bloquea la absorción de minerales mientras libera toxinas como aluminio o cadmio, provocando que el rendimiento del cacao cae después de unos años, forzando más deforestación.

Ante esta situación, un nuevo estudio, presentado en la Asamblea General de la European Geosciences Union (EGU), propone una solución tan sencilla como revolucionaria para uno de los mayores problemas ambientales del mundo: el uso de polvo de roca volcánica para revitalizar los cultivos de cacao, sanando el suelo que ya tenemos en lugar de seguir deforestando.

La receta para salvar el planeta (y el chocolate): rocas y árboles

La mayoría del cacao mundial lo producen pequeños agricultores que se enfrentan a un rendimiento que representa apenas una décima parte de su potencial. Actualmente, el promedio es de 480 kilogramos por hectárea, mientras que las estimaciones señalan que podrían alcanzarse los 5.000. Una productividad insuficiente que atrapa a los agricultores en un ciclo de pobreza y fomenta la deforestación para obtener nutrientes de suelos recién talados, un fenómeno que se conoce como «renta forestal» y que agota el suelo en apenas 20 años.

Para frenar esta situación, Isabella Steeley, investigadora de la Universidad de Sheffield, propone una estrategia doble: combinar la agroforestería, un sistema de gestión de la tierra que integra árboles o arbustos con cultivos agrícolas y/o ganadería en una misma unidad productiva, con la Meteorización Mejorada de Rocas (ERW), que consiste en esparcir basalto finamente triturado en las plantaciones.

Steeley ha examinado el uso de polvo de roca basáltica en dos sistemas en Brasil, las granjas comerciales de agroforestería y el sistema tradicional de cabruca, un sistema agroforestal tradicional y sostenible utilizado principalmente en el sur de Bahía, Brasil, para el cultivo de cacao, donde crece bajo la sombra de árboles nativos de la Mata Atlántica. Los resultados son esperanzadores.

¿Cómo funciona este polvo de roca?

Se observó que las mejoras en el suelo fueron más notables en las plantaciones comerciales, lo que sugiere que esas zonas podrían ayudar a revitalizar partes de la selva que están degradadas, por otro lado, los suelos de cabruca mostraron una capacidad sorprendente para capturar CO₂.

El polvo de roca volcánica demostró aportar un beneficio triple:

Fertilizante natural y corrector de acidez: los suelos tropicales son ácidos y pobres en nutrientes a causa de las lluvias intensas. Al disolverse el polvo de roca neutraliza esa acidez y libera nutrientes como el potasio, el calcio y el magnesio, necesarios para que los árboles de cacao crezcan sanos y resistan enfermedades.

Captura el carbono: cuando el polvo de roca reacciona con el agua y el CO₂ del aire en el suelo, el carbono se transforma en bicarbonatos estables que terminan almacenados de forma segura en los océanos. Es una forma de remover la contaminación de la atmósfera.

Restauración de ecosistemas: al mejorar el rendimiento en las fincas que ya existían se reduce la presión para talar más bosque protegiendo la biodiversidad local en sistemas como la cabruca. Además, los suelos más sanos producen árboles más fuertes, capaces de resistir mejor las plagas y las sequías extremas provocadas por el cambio climático.

Los agricultores locales están entusiasmados con esta innovación porque puede ayudarles a mantener su sustento. Salvar el chocolate no tiene por qué ser una batalla entre la agricultura y la naturaleza. Al integrar el conocimiento tradicional de la agroforestería con la tecnología del polvo de roca, podemos disfrutar de un dulce que no solo deleite el paladar, sino que también ayude a enfriar el planeta y restaurar los ecosistemas naturales de la Tierra.

Fuente: Quo