jueves, 26 de diciembre de 2019

¿Cuál fue, en Madrid, el Café de la Pulmonía?


No es la primera vez que nos topamos con muestras del ingenio del pueblo de Madrid a la hora de rebautizar calles, espacios de la ciudad o locales, lo pudimos comprobar hace no tanto cuando supimos cuál fue el no muy recomendable Café de los Cagones (un sorbete de arroz era el culpable de este sobrenombre). Hoy nos quedamos muy cerquita de aquel lugar para descubrir cual, y sobre todo porqué, en Madrid estuvo el Café de la Pulmonía.
Si hoy nos damos un paseo por la Puerta del Sol, uno de los establecimientos más llamativos es la tienda de Apple, compuesta por varias enormes plantas. Por los mismos metros cuadrados que hoy deambulan cada día cientos de personas en busca de smartphones o tablets, muchas décadas atrás, transitaban los huéspedes del Hotel París, el que fuera durante mucho tiempo el espacio hotelero con más glamour de la capital.



Gran parte de su estatus y buena consideración era debido al café que se ubicaba en su planta baja, lugar de tertulias y de encuentro de personajes ilustres.  Éste se llamaba Café de la Montaña abrió sus puertas en el año 1864 y entre muchos de los capítulos que se vivieron en su interior cabe destaca la disputa que tuvo, en 1899 el escritor Ramón Valle Inclán y que desembocó en la amputación y pérdida de su brazo.


Y entonces ¿Cuál fue el Café de la Pulmonía? ¡Pues éste mismo Café de la Montaña es el que los madrileños empezaron a apodar de este modo. El motivo fue que el café ocupaba una gran parte de la planta a pie de calle del hotel, daba a tres calles distintas (Calle de Alcalá, Puerta del Sol y Carrera de San Jerónimo) y contaba con 16 puertas. Esto, unido al constante trasiego de gente, hacía que en su interior, por un lado o por otro, siempre hubiese fuertes corrientes, que tarde o temprano, terminaban por enfriar a sus clientes, por lo que estos decidieron bautizarlo como el Café de la Pulmonía.
Fuente: Secretos de Madrid 

sábado, 21 de diciembre de 2019

FELIZ NAVIDAD




A tod@s los que pasáis por el blog “El Burgalés” quiero agradeceros vuestra entrada en el blog y haceros llegar, mis mejores deseos de felicidad para esta Navidad y Año Nuevo. Que el 2020 sea un año lleno de paz y bien-estar para tod@s y poder seguir navegando juntos por este pequeño espacio virtual lleno de sorpresas.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Es bueno comer carne roja



Un importante estudio dirigido por investigadores de las universidades McMaster y Dalhousie descubrió que la reducción del consumo de carne roja y procesada tiene poco impacto en la salud. Para llegar a esta conclusión, un panel de científicos internacionales revisó sistemáticamente la evidencia y ha recomendado que la mayoría de los adultos continúen comiendo sus niveles actuales de carne roja y procesada.

Los investigadores realizaron cuatro revisiones sistemáticas centradas en ensayos controlados aleatorios y estudios observacionales que observaron el impacto de la carne roja y el consumo de carne procesada en los resultados cardiometabólicos y del cáncer. En una revisión de 12 ensayos realizadas con 54.000 personas, los investigadores no encontraron una asociación estadísticamente significativa o importante entre el consumo de carne y el riesgo de enfermedad cardíaca, diabetes o cáncer.

En otras tres revisiones sistemáticas de estudios que siguieron a millones de personas, se observó una reducción muy pequeña en el riesgo entre aquellos que consumían tres porciones menos de carne roja o procesada a la semana, pero la asociación era incierta.

Gordon Guyatt, líder del estudio señaló que el grupo de investigación, un panel de 14 expertos de siete países, utilizó una metodología de revisión sistemática rigurosa, para pasar de la evidencia a las recomendaciones dietéticas.
“Existe un interés mundial en la nutrición y el tema de la carne roja en particular – señala Guyatt en un comunicado –. Las personas deben poder tomar decisiones sobre su propia dieta en función de la mejor información disponible”.
Por su parte, Bradley Johnston, coautor del estudio, afirma que su trabajo es contrario a muchas pautas nutricionales actuales.
“Este no es solo otro estudio sobre carne roja y procesada – concluye Johnston –, sino una serie de revisiones sistemáticas de alta calidad que resultan en recomendaciones que creemos que son mucho más transparentes, robustas y confiables. Nos centramos exclusivamente en los resultados de salud, y no consideramos el bienestar animal o las preocupaciones ambientales al hacer nuestras recomendaciones”.


viernes, 6 de diciembre de 2019

UN TATUAJE PARA CONTROLAR LA GLUCOSA EN SANGRE EN PERSONAS CON DIABETES




Un tatuaje para personas con diabetes que cambia de color con los niveles de glucosa en sangre está mucho más cerca de su comercialización.

La diabetes afecta casi a 500 millones de personas en el mundo, y se espera que en 2045 la cifra suba a 700 millones de diabéticos. Sufrir diabetes quiere decir que el organismo no es capaz de controlar la glucosa en sangre, bien porque hay un deterioro en el páncreas que le impide segregar insulina (diabetes tipo1) o porque se ha desarrollado a partir de la resistencia a la insulina, que provoca que esta hormona deje de hacer efecto (diabetes tipo 2). En ambos casos, los niveles de glucosa en sangre pueden descontrolarse y hay riesgo de hiperglucemia o cuando toman insulina, de lo contrario, hipoglucemia. Ambos extremos son muy peligrosos.

El problema es que para medir los niveles en sangre de cualquier sustancia, hay que tener acceso a la sangre. Las personas diabéticas deben controlar sus niveles de glucosa en sangre constantemente. Lo habitual es usar analizadores digitales portátiles, que requieren pincharse un dedo con una lanceta y depositar una gota de sangre en una tira reactiva. Son sencillos de usar, pero desagradabes y a veces imprecisos. Otra solución es implantarse un medidor de glucosa constante, con un parche que dispone de una sonda muy fina que se coloca bajo la piel. De nuevo, implantar estos parches es incómodo y hay que sustituirlos con frecuencia.

Hace dos años, científicos del MIT en Boston empezaron a estudiar la posibilidad de crear una tatuaje sensible a la glucosa y otros marcadores en sangre. En el proyecto DermalAbyss, en lugar de tinta de tatuaje tradicional, se pueden usar reactivos que cambian de color al reaccionar con ciertas moléculas.
Un equipo de científicos de la Universidad Técnica de Munich ha conseguido que el tatuaje funcione, con éxito, en piel de cerdo. El tatuaje es capaz de cambiar de color con los niveles de pH, glucosa y albúmina. Esto a su vez permite controlar la diabetes y el riesgo de fallo renal. La tinta de los tatuajes está justo por debajo de la epidermis, en el fluido intersticial, donde se pueden medir las variaciones de ciertos nutrientes sin necesidad de entrar en contacto con la sangre.
Fuente: Quo


jueves, 5 de diciembre de 2019

¿PODEMOS APRENDER A LEER LAS EXPRESIONES DE LOS GATOS? LA CIENCIA DICE QUE SÍ




Para la mayoría de nosotros, son un enigma. Sí, es fácil pensar que un gato que ronronea  está feliz y otro que bufa, no está contento. Pero más allá de lo que parece obvio, sus rostros no nos dicen mucho sobre cómo se sienten. O quizás es que somos nosotros los que no sabemos leer sus expresiones.
Esa es la conclusión de un reciente estudio que contó con más de 6.000 participantes en 85 países y que, a partir de videos de gatos, debían juzgar su estado de ánimo. El puntaje promedio fue un poco menos del 60 por ciento correcto, básicamente un aprobado raspando.

Sin embargo, hubo sorpresas: el 13% por ciento de los participantes obtuvo un 75% de aciertos. “Los gatos nos dicen cosas con su rostro  – explica la autora principal del estudio, Georgia Mason – y algunas personas son capaces de entender, lo que significa que hay algo allí, no son del todo inescrutables como creíamos”.
Dentro del grupo afortunado, las “personas que murmuran a los gatos”, por así decirlo, las mujeres obtuvieron mejores puntajes, las personas jóvenes lograron más puntos que las mayores y los mejores, por experiencia profesional lógicamente, fueron los y las veterinarias.

“Esto se debe – continúa Mason – a que en la profesión veterinaria tienen muchas oportunidades de aprender y motivación para hacerlo, ya que deben decidir constantemente si el gato está mejor, si hay que cambiar el tratamiento medicamento o si les saltará al cuello en cualquier momento.
Hasta ahora eran numerosos los estudios que se habían centrado en las expresiones de los perros y muy pocos en gatos, pese a su popularidad.

El equipo de Mason señala que los resultados son valiosos porque las personas tienden a estar menos unidas a los gatos que a los perros y los tratan de manera diferente. La evidencia de que los gatos tienen expresiones que algunas personas pueden detectar, podría conducir a crear herramientas o estrategias que ayuden a comprenderlos mejor.


martes, 5 de noviembre de 2019

Villorobe (Burgos)



NADANDO EN EL RECUERDO

El pantano de Úzquiza, en la Sierra de la Demanda, esconde bajo sus aguas la memoria del recuerdo.

Lo que hoy es el segundo embalse del Arlanzón años atrás fueron tres humildes pueblecitos, Herramel, Úzquiza y Villorobe, que cedieron sus tierras en 1986 para ser sepultados por las aguas de un nuevo pantano que abastecería a la ciudad de Burgos.
Villorobe se encontraba a 32 kilómetros de la capital y era, de las tres poblaciones hoy desaparecidas, el de mayor dimensión con una superficie de cultivo de 193 hectáreas, 540 de prados y pastizales y 2.330 de terreno forestal. Además, fue Ayuntamiento de los tres pueblos.

 Remontándonos a sus orígenes, Villorobe ya aparece en documentos del siglo IX (año 863). Fue en esta época cuando repobladores procedentes del otro lado de los montes de Ordunte vinieron a ocupar las tierras próximas a la Sierra de la Demanda. Es entonces cuando podemos hablar del nacimiento de los tres pueblos burgaleses. Y nos damos cuenta de que Villorobe guarda en su nombre la huella de sus orígenes “Villa de Orobio”.

 En 1972, Villorobe, que según el Catrastro del Marqués de la Ensenada pertenecía entonces al Partido de Juarros, contaba con 24 casas habitables y 7 inhabitables. Su población apenas era de 26 vecinos, 3 viudas, y un habitante. Además, había una casa a modo de fragua para gusto de los herreros y un molino, propiedad del Concejo, que se encontraba en el río Pineda del que aprovechaba su cauce para llevar a cabo su tarea en el proceso de elaboración del pan.
A mediados del siglo XIX (1850), el pequeño pueblo burgalés acogía a 21 vecinos y 97 habitantes. Había por entonces 50 casas además de una escuela de instrucción primaria y la iglesia parroquial de San Esteban.
Ya a finales de siglo, en 1894, el número de habitantes ascendió a 176 y los edificios habitables ya sumaban 140. También había, además del molino, la fragua, la Casa de Concejo y escuela propia, un horno, un potro de herrar, y una taberna cerca de la plaza del pueblo.
El censo de población mostraba en diciembre de 1940 un total de 240 habitantes que se repartían en 51 viviendas y que incluso eran superadas por el número de edificios destinados a otros usos que ya eran 70.

 El río en su paso por el pueblo dividía a éste en dos barrios obligando a las construcciones, principalmente obras de mampostería con sillería en vanos y esquinas, a distribuirse en pequeñas plazuelas. El barrio que se encontraba entre Villorobe y Herramel era Barbirón.
Antes de abandonarlo definitivamente en el pueblo aún vivían 215 personas. Poco después, ya no quedaba nada, solo escombros. El lugar donde tantas generaciones habían convivido a lo largo de los siglos desaparecía para siempre arrastrado por las aguas.

 Lo que no se pudo llevar el agua es el recuerdo de sus gentes. Y es que son éstas las que dan vida a un pueblo y le conceden características propias.
Villorobe, como cualquier otro en aquellos tiempos, era un pueblo que subsistía gracias al trabajo de todos sus habitantes. Su economía se basaba fundamentalmente en la ganadería (orientada de manera exclusiva al ganado ovino, bovino y porcino). Es por ello que las familias guardaban con gran mimo su ganado en la cuadra, que formaba la planta baja de las viviendas. El trabajo era duro pero esencial todos los días del año. Cuando el viento invernal conducía los primeros copos de nieve del día peinando los campos, helando sus pastos, el silencio que reinaba en las eras tan sólo era interrumpido por el madrugador esfuerzo de los villorobanos.

 Los pastores cuidaban mucho de conservar todo su rebaño, pues manadas de lobos procedentes de la zona de Pineda y de Salas de los Infantes acechaban por la noche. Bien es cierto que existía una Junta de varios pueblos, con sede en Villasur de Herreros, por la que se acordó una indemnización a los dueños. Pero, la compensación solo se recibiría si, a causa de algún accidente como pudiera ser el ataque de unos lobos o un incendio, murieran al menos cinco reses.
Era tal el valor de estos rebaños para la subsistencia familiar que, incluso en invierno, el pastor o el que ejercía de “vaquero” como se solía decir, tenía que dormir en lo alto del monte para evitar cualquier disgusto. Con la desaparición del pastor contratado, el que desempeñaba las tareas en su lugar era, entonces, acompañado por un zagal.

 Por otro lado, el gran número de rebaños existentes en el pueblo impedía su agrupamiento a la hora de pastorear. De ahí, que se distribuyeran en las denominadas majadas, en cada una de las cuales se agrupaban cuatro o cinco propietarios. Cada majada, además de su tenada, tenía su pastor contratado pero, debido al gasto que éstos generaban, eran finalmente los propios dueños los que ejercían su función. También, se solían utilizar majadas diferentes en verano e invierno.
De todo este trabajo, lo que se conseguía con los rebaños era vender los corderos y obtener lana para, después de lavarla, bien venderla o bien utilizarla para hacer colchones.
Aparte de los rebaños, había que ocuparse también del resto del ganado.
Las vacas servían de apoyo en numerosos trabajos: ayudaban a transportar la leña, a trillar, a arar la tierra y, además, se obtenían beneficios de la venta de sus terneros a los carniceros que bajaban de Burgos. Pero, también, suponían su esfuerzo puesto que, en invierno, cuando se guardaban en la cuadra de la planta baja de la vivienda, había que llevarlas día sí día también a beber al río.

 Sin embargo, el cuidado del ganado porcino traía consigo una recompensa más sabrosa pues su único empleo era sustentar a la familia durante todo el año.
Todo lo que conseguían era producto del trabajo diario, tanto de mayores como de pequeños, puesto que toda la familia contribuía en las tareas. Mientras los mayores se podían dedicar a la elaboración del pan, respetando eso sí los típicos turnos del horno común, los niños traían el agua de la fuente que se encontraba a medio camino entre Villorobe y Herramel.
Sin embargo, no todo era trabajo en el pequeño pueblo burgalés.

 El 26 de diciembre (en los últimos años trasladado a septiembre), empezaban las fiestas de San Esteban y así lo anunciaban las campanas. Entonces, el pueblo entero se paraba. Alegría, emoción, inquietud, ilusión, vida… es lo que se palpaba en las calles de este humilde pueblo de la Sierra de la Demanda. Aunque el trabajo diario no se veía interrumpido, las fiestas eran esperadas por todos los vecinos. Durante tres días, se asistía a misa por las mañanas y por la noche el pueblo entero se desvelaba con los bailes de la sala de Concejo, alrededor de la “Talla” de los quintos. Los bailes, armonizados por los famosos músicos Tripa Negra (Tinieblas) o Raboesquilao (Jaramillo), terminaban siempre con una jota y un pasodoble.
El 3 de agosto era otra fecha marcada por la fiesta de San Esteban. Era un día muy especial pues, aunque no había festejo alguno, ese día solo se hacía misa y, lo más importante, se dejaba de trabajar.

 Pero, sin duda, la fiesta recordada por todos como la más bonita era la del Corpus. La víspera, mientras los mozos tocaban las campanas, niños y niñas esperaban salir de la escuela para recoger flores de retama y escoba (que ellos conocían como “Zapatitos de la Virgen”) y ramas. Con ello se hacían luego los arcos de los altares, que eran tres: uno en la plaza, otro en la escuela y otro en Herramel. El día del Corpus, mozas y niñas tiraban cestas y cestas de las flores recogidas el día anterior por las calles que, poco después, recorrería la procesión. Las mujeres sacaban sus mejores colchas a la ventana y preparaban los altares. Cuando empezaba la procesión bajo el continuo resonar de las campanas, el pueblo entero era testigo. Salía de Villorobe y pasaba por todos los puentes hasta llegar a Herramel. Allí se rezaban algunas oraciones. En el puente que separaba ambos pueblos, las campanas de Villorobe dejaban de sonar y empezaban a tocar las de Herramel. Luego, en el otro puente, al revés, y así durante toda la procesión.
Pero, todo tiene un final y lo que siempre había sido un rumor pronto se convirtió en una realidad. Burgos necesitaba un nuevo pantano para abastecer a la ciudad. No se podían negar, era algo primordial.
El 28 de marzo de 1974 se presentó el trámite de expropiación forzosa de los bienes rústicos y urbanos afectados. El 5 de julio de ese mismo año, el Consejo de Ministros acordó el traslado de los tres pueblos. En enero de 1986 se produjo el abandono definitivo.

 De pronto se vieron recogiendo sus escasas pertenencias, recorriendo cada rincón de la que fue su vivienda durante tantos años como si fuera la primera vez, rozando las paredes que les cobijaron cuando el frío del invierno amenazaba fuera, intentando contener el recuerdo de cada olor, de cada tacto, del sonido que ofrecía la naturaleza al despertar, las campanas incansables, la primera radio que desde la ventana del maestro Salvador llegaba a los oídos de todos, la primera televisón que a tantos sedujo…Saliendo de casa por última vez, fijando la mirada en cada grieta de la puerta, siguiendo el camino que jamás volverán a pisar.

Solo, vacío, desértico, inerte…Así es como queda el pueblo de Villorobe y el corazón de sus últimos habitantes al abandonarlo en 1986. Ahora solo queda volver a empezar.
Finalmente, el agua cubrió el valle en 1987, aunque no funcionó a pleno rendimiento hasta 1989.

Ya han pasado muchos años. Ahora en verano. Cada vez más, el calor se hace insoportable y las aguas del pantano se presentan irresistibles. Nadar sobre siglos de historia nos hace estremecernos.
Fuente: Sandra Villorobe 


domingo, 3 de noviembre de 2019

La leyenda negra de las aguas del Balneario de Arlanzón (Burgos)



 En apenas cuatro años 13 monjas francesas fallecieron de manera repentina en la localidad burgalesa, por lo que los vecinos siguen creyendo que fue producto del agua del antiguo balneario.


Cuenta la leyenda popular que las aguas del balneario de Arlanzón estaban contaminadas, razón por la cual desde hacía un siglo los vecinos del pueblo se negaban a beber de ellas. La razón se debía a un hecho que tuvo lugar en este mismo establecimiento, donde, en apenas cuatro años fallecieron 13 monjas salesas llegadas de Voiron (Isère).

Muchos de los vecinos de Arlanzón, convencidos de esta máxima acerca del agua del balneario, se negaban a beber el agua que de allí emanaba, y advertían a sus conocidos acerca de esta 'leyenda negra' que recaía sobre la fuente, a la que culpaban de la muerte de las monjas francesas que ocuparon el balneario en esa época.

Obligadas por el entorno anticlerical que había en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX, muchas comunidades religiosas francesas se vieron forzadas a buscar refugio en otros países que les permitiesen ejercer su religión de manera libre. Esta situación llevó en 1904 a la congregación de religiosas salesas de La Visitación a trasladarse a la villa de Arlanzón, y más concretamente a este antiguo balneario, donde permanecieron hasta 1908, momento en el cual pudieron regresar a su país natal.

Sin embargo, un hecho que todavía se sigue comentando en el pueblo burgalés es la extraña forma en la que un total de 13 hermanas salesas fallecieron durante este período de tiempo. Los vecinos desconocían las razones por las cuales se pudo producir este extraño suceso, por lo que, ante el miedo de que esto pudiese expandirse por toda la villa, empezaron a dejar de consumir este agua, y en su lugar se desplazaban hasta una fuente que se encontraba un poco más arriba, según cuenta uno de los vecinos del pueblo, Laurentino Nieto, que afirma que todavía hay gente en el pueblo que dice que prefiere no beber de ese agua por si está contaminada.
 
En 2011, motivados por una reforma que se iba a llevar a cabo en el ábside de la Iglesia de San Miguel, lugar donde se encontraban ubicadas las cruces de las tumbas de estas 13 religiosas; el decano honorario de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, Benito del Castillo, el periodista e historiador, Miguel Moreno Gallo, y el escritor e investigador Elías Rubio, decidieron ponerse manos a la obra e investigar qué había ocurrido realmente con estas monjas exiliadas.

Sus indagaciones les llevaron varios meses y revisar muchos documentos, tal y como asegura Moreno Gallo, permitiéndoles conocer el motivo de estas muertes, que posiblemente fuese una infección de salmonela. «En un sitio cerrado además, se transmite muy rápidamente», afirma. «Tuvimos mucha suerte, y es que el antiguo archivo municipal se había llevado a al Archivo Histórico Provincial de Burgos, y allí mirando las defunciones, se conservaban los partes médicos». En ellos, los tres investigadores encontraron información relativa a las muertes de estas religiosas, «el médico cada vez que moría alguien se hacía un parte explicando de qué había muerto», explica Moreno, «y se guardaba junto con las actas de defunción».

Una información que quedó recogida en el Boletín de la Institución Fernán González, bajo el título 'El exilio de las monjas de Voiron (Isère, Francia) en Arlanzón: 13 muertes entre 1904 y 1908', en la cual los tres autores realizaron un repaso a la historia de estas monjas, y a lo que les sucedió. De hecho, tal y como señala Moreno, cuando se publicó, el Ayuntamiento de Arlanzón realizó una «reproducción facsímil» de este escrito, para ser repartido a todos los vecinos del pueblo, con el objetivo de que conociesen qué ocurrió realmente. Sin embargo, muchos continúan creyendo la vieja historia que se cuenta.

«En el pueblo había una parte de leyenda», recuerda Moreno, «la gente no entraba en el Balneario porque les daba como miedo, pensaban que podía haber un virus o una bacteria». De hecho, el autor asegura que cuando se dio a conocer esta investigación, el programa de televisión 'Cuarto Milenio' se desplazó hasta la localidad burgalesa para realizar un reportaje sobre el tema, y «solo uno del pueblo quiso hablar, no encontraron a nadie que quisiese», un dato que califica de «curioso» y que achaca a las «leyendas que quedan en la memoria popular», que afirma que es «muy traicionera».

Asimismo, señaló que también intentaron ponerse en contacto con las monjas de esta congregación francesa, pero sin embargo «no quisieron saber nada», al igual que la gente del pueblo de Voiron.