martes, 23 de junio de 2015

Curiosa historia de la Puerta de Toledo (Madrid)



La Puerta de Toledo ha tenido una historia agitada por los vaivenes políticos, desde que José Bonaparte, el rey intruso, ordenara su construcción en 1813. El hermano de Napoleón quería levantar este monumento para conmemorar su llegada al trono de España en 1808. Bajo las primeras piedras de esta puerta se enterró una caja de plomo con monedas de José I, la Constitución de Bayona, calendarios y otros documentos. Sin embargo, con su precipitada salida de Madrid en 1813, por las derrotas de su ejército, la construcción de la Puerta de Toledo pasó a manos del Ayuntamiento de Madrid. Lo primero que hicieron los madrileños fue desenterrar aquella caja y sustituirla por otra que contenía la Constitución de 1812, calendarios de la época y monedas de Fernando VII. El monumento cambiaba de sentido, conmemorando la Soberanía Nacional y el triunfo frente al ejército invasor.

El fin de la Guerra de la Independencia devolvió el trono a Fernando VII, entonces llamado ‘el Deseado’. En cuanto se instaló en su puesto, en 1814, el rey abolió la Constitución de 1812 y se olvidó de los ideales de la pasada guerra, pero no se olvidó de desenterrar aquella caja y sacar de ella el texto constitucional.

En 1820, tras el alzamiento del general Riego, que obligó a Fernando VII a jurar la constitución de 1812, se depositó una caja dentro del arco de la puerta, que entonces se estaba construyendo, con textos constitucionales y un ejemplar de la Gaceta de Madrid, que era el Boletín Oficial del Estado, que publicó la jura de la Constitución por Fernando VII. Luego, en 1823, tras el Trienio Liberal y la vuelta al poder absoluto de Fernando VII, se extrajeron de la caja aquellos documentos y en su lugar se pusieron los decretos que derogaban los textos constitucionales.
Cuando se inauguró la Puerta de Toledo en 1827, se colocó en ella una inscripción que decía en letras de bronce: “A Fernando VII, el deseado, padre de la patria, restituido a sus pueblos, exterminada la usurpación francesa, el Ayuntamiento de Madrid consagró este monumento de fidelidad, de triunfo, de alegría. Año de 1827”. Esta inscripción fue desclavada parcialmente durante la revolución de 1854, ‘La Vicalvarada’,  y el resto se arrancó durante la de 1868,’ la Gloriosa’.

La Puerta de Toledo, diseñada por el arquitecto mayor Antonio Aguado, era la antigua entrada y salida del camino de Andalucía y de Toledo. Es, junto con la Puerta de Alcalá, las dos únicas puertas históricas que se conservan en Madrid. Esta mole de granito está formada por un arco de medio punto y dos puertas menores adinteladas a sus lados. Con su ornamentación incluida, se eleva 26 metros sobre el terreno y un ancho de 16,5 metros.

El arco tiene 11 metros de altura y casi 5 de ancho y las puertas laterales seis metros y medio de altura y tres de ancho cada una. En la fachada que mira al río Manzanares el arco está flanqueado por dos columnas de estilo jónico apoyadas sobre pilastras. Por encima, un ático adornado con un grupo escultórico que representa a España y las Artes. Sobre los vanos laterales y a ambos lados del ático se alzan otros dos grupos de esculturas. En la fachada  ‘interior’, la que mira hacia El Rastro, el arco está coronado por el escudo de armas de la villa sostenido por dos genios, y sobre las puertas adinteladas hay esculturas de trofeos militares. Los grupos escultóricos fueron diseñados por José Ginés y esculpidos por Ramón Barba y Valeriano Salvatierra.

Paso de ganado al matadero
 Antes había existido otra Puerta de Toledo, que se encontraba un poco más arriba, a la altura de la calle Santa Ana. Era una puerta de ladrillo, con dos arcos iguales, que se levantó en tiempos de Felipe IV, cuando se amplió el recinto de las tapias que rodeaban Madrid. A su vez, ésta sustituyó a otra puerta anterior de la época de Felipe II.

Desde el siglo XVII, la Puerta de Toledo era el paso habitual del ganado que llegaba a Madrid con destino a los mataderos que tradicionalmente estuvieron instalados en el sur de la ciudad. Al lado de esta puerta estaba, hasta el siglo XIX, el matadero de la Puerta de Toledo, y muy cerca el matadero del Rastro, en la actual plaza del General Vara del Rey. Por ello, en esta zona eran habituales las curtidurías o tenerías y los talleres de marroquinería, además de numerosas carnicerías.
Cosasdelosmadriles.




miércoles, 17 de junio de 2015

Calle del 7 de Julio, homenaje a los héroes



La calle del 7 de Julio, entre la calle Mayor y la plaza Mayor, debe su nombre al día 7 de julio de 1822, fecha de la batalla en Madrid por la defensa de la Constitución de 1812, llamada popularmente ‘La Pepa’. Aquella jornada se produjo un duro enfrentamiento entre la Milicia Nacional, defensora del orden constitucional, y la Guardia Real, defensora de la vuelta al régimen absolutista de Fernando VII. Dos años antes, el rey se había visto obligado a jurar la Constitución, tras el alzamiento del general Rafael de Riego y otros militares, iniciándose el Trienio Liberal.

La madrugada del 7 de Julio de 1822, cuatro batallones de guardias reales, que unos días antes se habían acuartelado en el Real Sitio del Pardo, marcharon sobre Madrid para proclamar el absolutismo de Fernando VII. La Milicia Nacional tomó posiciones y tuvo lugar una refriega, con artillería incluida, entre la calle Mayor y la Puerta del Sol, que entonces era una pequeña plaza rectangular. Los milicianos, dirigidos por el general Ballesteros, consiguieron desalojar a los sublevados. Hacia las 4 de la tarde, dominados ya los guardias reales, la Milicia estaba encargada de vigilar la entrega de armas pero, rompiendo el acuerdo, los sublevados abrieron fuego sobre los milicianos, iniciándose un tiroteo. Los sublevados huyeron en desbandada hacia la Casa de Campo, donde luego murieron acuchillados por sus compañeros de caballería de la Guardia Real. Fernando VII trataba de alejar la sombra de la duda sobre su intervención en la conspiración contra el Gobierno constitucional.

En aquella época, la calle 7 de Julio no tenía todavía el arco de acceso a la Plaza Mayor, sino que era una calle abierta. El arco, sobre el que hoy luce la placa conmemorativa dedicada a los héroes del 7 de julio, se añadió en la época de Isabel II.

La alegría por la defensa constitucional duró poco, ya que menos de un año después, en mayo de 1823, Madrid era ocupado por el ejército francés (los Cien Mil Hijos de San Luis), dirigido por el duque de Angulema, para devolver a Fernando VII el poder absoluto. Se inició un periodo de feroz represión contra los liberales, entre muchos otros el general Riego, que fue ahorcado en la plaza de la Cebada y su cuerpo descapitado por orden del rey.

Calle de la Amargura
La calle 7 de Julio se llamaba antes calle de la Amargura, y el origen de su nombre tiene varias versiones. Unos dicen que, en esta corta calle, los que iban a morir ajusticiados en la Plaza Mayor se despedían de sus familiares, con escenas conmovedoras, y por ello tenía aquel nombre.

Otros señalan que el noble madrileño Francisco Luján tenía una casa de campo en el  arrabal de Santa Cruz, saliendo por la puerta de Guadalajara, que estaba a mitad de la  calle Mayor. Cerca de su casa había una laguna y a su alrededor crecían unas hierbas muy amargas, por lo que a la calle se la llamó luego de la Amargura.

Otra versión cuenta que cuando Alfonso XI sitió a los moros de Algeciras, desde Madrid salieron tropas para ayudarle en la batalla, y que a las mujeres que salieron a despedir a sus maridos, hijos y hermanos no se les permitió pasar más allá de la laguna que por allí existía. El arzobispo de Toledo, que les dirigía, gritó: ¡Este es el sitio de la amargura! El recuerdo de este trance en la memoria popular sería el origen del nombre de la antigua calle de la Amargura
Cosasdelosmadriles.


jueves, 11 de junio de 2015

Valle del Sol, final inédito para la Vuelta ciclista a Burgos



El Albergue Valle del Sol (Pineda de la Sierra) será un final de etapa inédito en la XXXVII Vuelta a Burgos que se disputará del 4 al 8 de agosto sobre un total de cinco etapas, una de ellas en formato de Contrarreloj por Equipos. Además, será uno de los finales en alto de la ronda burgalesa ya que la llegada está considerada como una dificultad montañosa de tercera categoría.

El Instituto para el Deporte y la Juventud (IDJ) de la Diputación de Burgos, entidad organizadora de la prueba, sigue así fiel a su filosofía de diseñar etapas con un final atractivo y, en la medida de lo posible, con alguna exigencia orográfica que lejos de poder marcar grandes diferencias hacen que los equipos de todos los favoritos estén en alerta para evitar cualquier sorpresa y no ceder terreno de cara al triunfo final.
Lo que está claro es que finales de etapa como el que se vivirá en Valle del Sol no decidirán el vencedor final de la prueba, pero sí pueden hacer una pequeña selección entre los favoritos para llevarse a casa el jersey morado, el sábado, 8 de agosto.
La Diputación de Burgos, en su concepción del ciclismo como un vehículo transmisor de otros valores además de los puramente deportivos como los patrimoniales, naturales y gastronómicos que tiene la provincia, apostará en esta etapa por la promoción del Patrimonio Natural de la Sierra de la Demanda.

Así, y gracias a la señal de televisión que dará cobertura informativa a la Vuelta a Burgos 2015, se podrá poner en valor un entorno natural privilegiado de la provincia en el que entre los inmensos pinares que abundan por esta zona destacarán los embalses del Arlanzón y Úzquiza, que serán testigos del paso de los ciclistas.


La etapa con final en Valle del Sol será la segunda gran novedad de una edición que recuperará la contrarreloj por equipos, disciplina que no se contemplaba en ninguna de las cinco etapas desde la edición de 2011 con la (Pradoluengo-Belorado, 11,6 Km.) en la que se impuso el Movistar.
Fuente: diario de burgos

viernes, 5 de junio de 2015

Casa del Cordón (Burgos)





El palacio de los Condestables de Castilla o Casa del Cordón, propiedad y sede de la Caja de Burgos, fue construido en el siglo XV por los Condestables de Castilla y es atribuido a Simón de Colonia. Destaca la portada con el cordón franciscano y el elegante patio renacentista. En ella los Reyes Católicos recibieron a Cristóbal Colón.

domingo, 31 de mayo de 2015

Calle Mayor, sus personajes y su historia Madrid



La calle Mayor de Madrid está ligada a dos de los grandes poetas y dramaturgos de las letras españolas: Lope de Vega y Calderón de la Barca. El primero nació en el nº 50 de esta calle, el 25 de noviembre de 1562. Calderón vivió en el nº 61, donde falleció el 25 de mayo de 1681, en el tramo que entonces se llamaba calle Platerías. Su residencia era conocida como ‘la casa  estrecha’, porque sus dos plantas tenían una anchura poco mayor que el espacio del balcón.
En este edificio, que hoy tiene cuatro plantas, vivió Calderón con su hija adoptiva, Ana Isabel María Calderón, 'La Calderona’, que de recién nacida fue abandonada a las puertas de la vivienda del dramaturgo, y que más tarde fue cómica y amante del rey Felipe IV, con quien tuvo un hijo, don Juan José de Austria.
La casa de Calderón estuvo a punto de ser derruida en el XIX, por el interés de su propietario en ampliarla, pero la intervención de Mesonero Romanos evitó que desapareciera. De ella dijo Larra: "Desde esta casa estrecha y pequeña salieron a la luz las obras del periodo más granado de Calderón de la Barca". 

Una larga historia
La calle Mayor se llama así porque era la más importante del antiguo Madrid. En otros tiempos tuvo distintos nombres para cada tramo de la misma: Almudena, Platerías, Puerta de Guadalajara, Mayor. En ella tenían instalada su actividad comercial los pañeros madrileños, manteros, sederos y tejedores. Antes de que la Puerta del Sol  fuera como hoy la conocemos, la calle Mayor se prolongaba hasta la Carrera de San Jerónimo, donde tenían su comercio los joyeros.                                                 
En esta calle se instaló uno de los tres arcos principales por los que pasaron Felipe III y su nueva esposa cuando entraron en la Villa de Madrid, en 1599. Los otros dos del recorrido se levantaron junto al paseo del Prado y cerca del Palacio Real.

En el número 79 de la calle Mayor aún se conserva hoy el palacio de Uceda, prototipo de casa señorial española del siglo XVII, ocupado actualmente por la Capitanía General, que según unos lo construyó el arquitecto Turrillo en la segunda década del siglo XVII, y según otros fue Francisco Gómez de Mora, entre 1612 y 1618.
En 1787 el  arquitecto Juan de Villanueva concluyó la fachada de la Casa de la Villa, en la adyacente Plaza de la Villa, que fue sede del Ayuntamiento de Madrid hasta su traslado en 2007 al Palacio de Cibeles, en la Plaza de la Cibeles, hasta entonces llamado Palacio de Comunicaciones. 

Hechos memorables
En 1923, los hermanos Pablo y Ciriaco Sanz abrieron en la calle Mayor un restaurante llamado Casa Ciriaco, que alcanzó gran fama por reunirse allí mensualmente la tertulia de los Amigos de Julio Camba, autor de La Casa de Lúculo o el arte de comer, quienes además apreciaban su excelente cocina.
En la calle Mayor, como en la paralela calle Arenal, se produjeron algunos de los atentados más recordados en la Villa y Corte. Aquí, a la altura de la travesía del Arenal, fue asesinado el conde de Villamediana, que según una leyenda tenía relaciones amorosas con la reina Isabel de Borbón, mujer de Felipe IV.
Al final de la calle, cerca de la calle Bailén, en lo que hoy es calle de la Almudena mataron también a Juan de Escobedo, secretario personal de don Juan de Austria, en 1578. En mayo de 1906 tuvo lugar aquí el atentado fallido contra la carroza nupcial de Alfonso XIII y Victoria Eugenia.
En el número 35 se ubicaron unos baños con el nombre de San Isidro, porque allí realizó el santo un trabajo de pocero, su profesión antes de ser campesino.




viernes, 29 de mayo de 2015

Las corralas, chorizos y polacos (Madrid)



Eran tal la afición de los madrileños por el teatro que se representaba en las corralas, que se llenaban a diario desde que abrían sus puertas, a las doce del mediodía, ya que los espectadores se apresuraban a ocupar los mejores sitios, aunque los puestos privilegiados estaban reservados a las clases altas. La función comenzaba a primera hora de la tarde y concluía antes de ponerse el sol. En estos corrales se representaron las obras de los mejores autores del siglo de Oro y en ellos actuaron los mejores artistas.
Los primeros corrales de comedias, o corralas, surgieron en Madrid a finales del siglo XVI y ya durante el XVII los dos más famosos de Madrid eran el del Príncipe y el de la Cruz, donde estrenaron la mayoría de sus obras grandes autores, como Calderón de la Barca y Lope de Vega.

Barrio de las Letras
Los barrios junto a estas corralas se fueron ocupando por gentes del teatro, comediantes, autores, músicos, representantes, arrendadores de corrales, alquiladores de trajes… En concreto, en el barrio de Huertas (Barrio de las Letras), entre la calle del mismo nombre y la calle Atocha, vivieron Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Moratín.

En este barrio estaba el Corral del Príncipe, situado en la actual plaza de Santa Ana, en el sitio que hoy ocupa el Teatro Español, y antes lo había ocupado el corral de la Pacheca, llamado así porque era propiedad de María Pacheco. El vecino Corral de la Cruz, inaugurado en 1579, estaba en la confluencia de las calles de la Cruz y Núñez de Arce.

En el barrio de Huertas estaba también el famoso Mentidero de Representantes, o de los Cómicos, en la calle de León, que hacia el mediodía era el punto de encuentro de autores, artistas representantes y otros personajes del mundillo, para tratar los asuntos de las compañías, comentar los éxitos y fracasos de las obras, alabar a unos autores y criticar a otros.

Chorizos y polacos
Entre las compañías de ambos corrales de comedias y entre sus respectivos públicos surgieron, principalmente en el siglo XVIII, disputas y peleas, formándose dos bandas denominadas ‘chorizos’ y ‘polacos’. El responsable de poner orden en sus habituales trifulcas era el alcalde de Casa y Corte, ayudado por sus alguaciles.

Un sector importante del público era el de ‘los mosqueteros’ (comerciantes y artesanos, principalmente) liderado por el gremio de zapateros, cuya opinión era temida por autores y empresarios, que procuraban tenerlos contentos, ya que acudían a ver las obras provistos de carracas, cascabeles y pitos para hacerlos sonar si la obra no les gustaba.

Las representaciones en los corrales de comedias se realizaban sólo los días festivos, aunque más tarde se ampliaron a los jueves y finalmente se hacían todos los días. La costumbre entonces era pagar en la puerta y pagar al ocupar el sitio.

Las obras reflejaban el sistema de clases de la sociedad de la época, en unos espacios, las corralas, cuadrados o rectangulares, formados por el cerramiento de varios edificios. En un lado de este patio central se disponía el escenario, enfrente la ‘cazuela’ o anfiteatro destinado a las mujeres, y  a los lados las gradas para los hombres.

Los propietarios de las casas solían alquilar el derecho a ver la obra desde sus casas al arrendador de la corrala, que a su vez vendía las localidades, por ello los vecinos permitían el paso del público por su vivienda hasta llegar a las ventanas, terrazas o corredores que a modo de palcos utilizaban la gente más pudiente. Abajo, el patio empedrado estaba dividido: una parte delantera con bancos y detrás una zona más amplia para espectadores de pie.
Cosasdelosmadriles.




viernes, 22 de mayo de 2015

Origen del nombre de la calle de Arganzuela, Madrid



En el Madrid del siglo XV y donde hoy está la calle de Toledo estaba la puerta de la Latina, más allá sólo había campo con algunas casas de labranza y unos barrancos que llegaban hasta el río Manzanares. En una de esas casas vivía un alfarero cuya mujer murió al dar a luz a una niña llamada Sancha, que con sus hermanos ayudaba a su padre a fabricar pucheros y otras vasijas de barro. Sanchita, por su débil constitución, sólo se ocupaba de suministrar agua, ya que los cacharros en sus manos acababan rotos muy a menudo. A su padre le llamaban 'tío Daganzo', porque había nacido en el pueblo de Daganzo de Arriba (Madrid) y a su hija, ‘la Daganzuela’, vocablo que derivó en Arganzuela.

Un día pasó por aquellas tierras la reina Isabel I, ‘la Católica’, camino del río, acompañada por una de sus damas y varios caballeros. La reina quiso beber agua y la comitiva se detuvo junto a la casa y uno de los caballeros pidió una vasija con agua para la reina. La niña se ofreció, buscó la mejor vasija y se la entregó. Agradecida por la diligencia de la niña y ante la evidente pobreza de su familia, la reina ordenó a uno de sus caballeros que llenara de nuevo aquella jarra y regara con ella la tierra, que lo repitiera dos veces más, y todo el terreno regado se diera en dote a la muchacha. Así se hizo y la niña se convirtió en dueña de esa tierra.

Cuentan las crónicas que por aquel tiempo se produjo en España una epidemia de peste y por precaución se cerraron las puertas y portillos de Madrid, pero por un descuido dos afectados por la enfermedad que vivían en aquellas casas de labranza se colaron en la villa buscando auxilio. La peste se extendió por el barrio y luego por todo Madrid, por eso a dicha entrada la llamaron ‘puerta de la Peste’.

El padre y los hermanos de la Arganzuela fallecieron a causa de la peste y sólo ella se salvó. Luego Sancha se casó y tuvo tres hijos, pero murieron. Su marido, que era regalero (encargado de las frutas y flores) de la reina Juana I, ‘la Loca’, construyó unas casas en las tierras de Sancha, que todos llamaban el Campo de la Arganzuela.

Cuando murió su marido, Sancha ingresó en la Venerable Orden Tercera de San Francisco, integrada por seglares dedicados a ayudar a pobres y enfermos. Sancha contribuyó con su dinero a la construcción de una capilla y también una pequeña fuente cerca de donde estaba la antigua puerta de Toledo. Sancha murió y fue enterrada en el convento de San Francisco, en la capilla de San Onofre, con una inscripción en su sepultura reconociéndola como bienhechora del convento.

Y por todo esto, a la calle que se creó en aquellas tierras se la llamó calle de la Arganzuela, que va desde la calle de Toledo a la plaza del Campillo de Mundo Nuevo, junto a la Ronda de Toledo.

 Fuente: cosasdelosmadriles.