
Esto es lo que tienes que saber para dejar de ver a las
hormigas como una amenaza
Si mañana desaparecieran las hormigas, los suelos serían
menos fértiles, muchas plantas quedarían desprotegidas y numerosas especies
animales perderían su principal fuente de alimento
Podemos construir rascacielos, gaseoductos, túneles de
metro, autopistas de ocho carriles, modernos sistemas de alcantarillado o
sincronizar los semáforos de toda la ciudad en la nube. La más puntera de las
smart cities está condenada a convertirse en un páramo si carece de una
tecnología que no consume energía ni materiales, que no figura en los
presupuestos de cualquier concejalía de urbanismo, pero cuya complejidad y
utilidad es mucho mayor que el de cualquier invento gestado en Silicon Valley:
el trabajo silencioso de las hormigas.
Estos insectos han fascinado al ser humano desde hace siglos
por distintos motivos. Su prodigiosa organización social es uno de ellos, pues
seguramente se trate de una de las más avanzadas dentro del reino animal, tal y
como recuerda la Fundación Endesa. Otra razón es la inmensa variedad de
especies: más de 13.000, es decir, el doble de variedad que de mamíferos. Lo
que es imposible calcular es la cifra exacta de hormigas que hay en nuestro
planeta. Sí se sabe que están presentes en todo el mundo, en ecosistemas muy
distintos, y se estima que suponen el 15% de la masa de organismos vivos
terrestres de la tierra. Hay un dato que da vértigo: por cada ser humano sobre
el planeta hay 2,5 millones de hormigas. Es decir, estaríamos hablando de
20.000 billones de hormigas en todo el mundo, según un estudio publicado por la
Universidad de Würzburg en Alemania en la revista Proceedings of the National
Academy of Sciences.
De todas sus funciones, una de las más llamativas e
importantes para el medio ambiente es su labor como “ingenieras de
ecosistemas”. No solo con sus túneles y galerías contribuyen a articular el
subsuelo y a que circulen agua, aire y nutrientes. También aportan a la
creación de estos nutrientes con sus propios desperdicios. De este modo tan
ecológico producen calcio, fósforo, zinc, manganeso o hierro y ayudan a
bacterias y hongos a la descomposición de la materia orgánica. Una especie de
compostadora mini -del tamaño de una hormiga- y gigantesca -del tamaño del
planeta- al mismo tiempo.
La ciudad, ¿zona hostil para las hormigas?
El problema que enfrentamos ahora en las ciudades, aclara la
científica, no es exactamente que estemos perdiendo poblaciones de hormigas.
Hay hormigas de muchas clases y adaptadas a hábitats muy distintos: unas a
zonas descubiertas, otras viven en árboles, algunas en arbustos, en zonas de
césped… Si una ciudad tiene parques con una amplia variedad de microhábitats,
la variedad de especies de hormigas será también amplia y cada una podrá
cumplir su función.