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miércoles, 9 de noviembre de 2011

La primera "Fotolinera" de España

La Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) ha inaugurado la primera “fotolinera” de España, una instalación solar ubicada en el Real Jardín Botánico Juan Carlos I que ofrece recargas eléctricas gratis a sus usuarios y estudiantes.

La moderna pérgola solar tiene capacidad para cuatro vehículos y cinco bicicletas eléctricas en carga convencional (carga que se completa entre seis y ocho horas), y está preparada para su ampliación a carga rápida trifásica (de tres horas a diez minutos para un abastecimiento total), según informó la propia universidad.

A partir del próximo 1 de enero, el Jardín Botánico contará con una flotilla de vehículos eléctricos para el servicio de jardinería del campus y del propio Botánico. Pero este punto podrá ser utilizado no solo por estos vehículos, que se recargarán durante la noche, sino que su acceso será, al menos durante el primer año, libre y gratuito para los visitantes del Jardín, para los universitarios que vayan decidiéndose por estos vehículos y para el público en general que necesite “repostar” sus baterías durante el horario de apertura del Jardín Botánico.

Además, la energía sobrante alimentará el edificio de Oficinas y Servicios del Jardín Botánico, rebajando así la factura energética y haciéndolo por tanto más eficiente.

Una buena noticia y un buen ejemplo en absoluto anecdótico. El año pasado toda la energía consumida por la UAH procedió de fuentes renovables. Y en los próximos años, los coches y bicis eléctricas irán ganando espacio en las carreteras madrileñas, para bien del medio ambiente y de nuestros pulmones.

viernes, 8 de julio de 2011

Hay aviones que vuelan con aceite de cocina usado


La aerolínea holandesa KLM empezará en septiembre un programa de más de 200 vuelos entre París y Ámsterdam usando aceite de cocina reciclado como original biocombustible. Según la información publicada por Associated Press, la compañía no deberá hacer ningún cambio en los motores para usar este nuevo combustible procedente de las fritangas de pescadito, churros…etc.

En la actualidad, y en contra de lo que muchos piensan, el transporte aéreo mundial es poco contaminante, responsable de tan sólo un 3% de los gases de efecto invernadero. Pero al ser un medio cada vez más usado, su proporción de emisiones está aumentando tan rápidamente como las compañías tratan de reducirlo.

Los vuelos con este tipo de biocombustibles procedente del reciclaje reducen la emisión de los gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. Paralelamente, y no menos importante, al reutilizar aceites no es necesario sustituir plantaciones dedicadas a la alimentación por otras dedicadas a los combustibles, ejerciendo así un mínimo impacto negativo sobre la biodiversidad y el suministro alimenticio mundial.

En los hogares españoles se utilizan al año 97 millones de litros de aceite de cocina sólo en frituras. Si todos esos que tanto critican el actual sistema de reciclaje se incorporaran a él, y en lugar de arrojar el aceite usado al fregadero lo llevaran a los puntos de recogida como ya hacemos muchos  ¿os imagináis las cantidades ingentes de combustible sostenible y barato que podríamos utilizar, no sólo en los aviones, sino también en nuestros coches?.

viernes, 25 de marzo de 2011

Estamos rodeados de bombillas venenosas


Vaya por delante que estoy a favor de las bombillas de bajo consumo. Con la que está cayendo y la que se espera, ahorrar energía es un ejercicio de necesaria responsabilidad, además de una eficaz acción en la lucha contra el cambio climático. Pero me parece muy grave cómo se está promocionando esta sustitución de luminarias en toda Europa, donde a partir del próximo año se prohibirá la venta de cualquier tipo de bombilla incandescente, las de toda la vida, sin explicarnos antes los riesgos de este cambio.
Primero se popularizan (y hasta regalan) y ahora, muy tímidamente, empiezan a desarrollarse campañas para promover su reciclaje. Sin embargo, ninguna administración nos advierte del peligro sanitario que el manejo de estas bombillas encierra en su interior: vapor de mercurio.

Es verdad, la cantidad es muy pequeña, cien veces inferior a la de un termómetro, pero su inhalación puede provocar graves problemas en nuestro sistema nervioso, especialmente en el de los niños, pues es un metal pesado bioacumulable.
¿Sabías que si se nos rompe en casa una de estas bombillas, lo recomendable es abrir las ventanas y evacuar la habitación durante al menos 15 minutos? Ni tú ni prácticamente nadie.
Compruebo con preocupación cómo la improvisación no es un vicio de exclusividad española. Junto al plan de recambio de lámparas incandescentes por las de bajo consumo, es imprescindible un plan de recolección diferenciado que no sólo haga hincapié en el buenisimo cívico del reciclaje, sino también en los peligros de su manejo y destrucción, ampliando la distribución de contenedores específicos fuera de los comercios. Al menos hasta que la tecnología led, sin estas amenazas para la salud, abarate los costes y permita sustituir dentro de pocos años a las ahora recién llegadas de bajo consumo.

Resumiendo, y sin caer en alarmismos, es importante tener en cuenta unos mínimos consejos cuando debas sustituir tanto estas bombillas como los tubos fluorescentes convencionales:
> Nunca las tires al cubo de basura doméstica o a los contenedores de reciclaje de vidrio.
> Deposítalas en los contenedores de cartón que para su reciclaje existen en los comercios de iluminación o llévalas al punto limpio más cercano.
> Cuando las dejes en el contenedor hazlo con cuidado para evitar su rotura.
> Siempre que se rompan, adviértelo y ventila la habitación durante un cuarto de hora
20 minutos.

sábado, 12 de febrero de 2011

Las cosas duran cada vez menos

No ha transcurrido un mes de las Navidades, y la mayoría de los juguetes comprados a los hijos o nietos ya no funcionan. O se han roto o resulta imposible repararlos. Lo mismo ocurre con el móvil, es más barato comprar uno nuevo que cambiarle la batería. Y con la impresora, cuyo cartucho resulta más caro que todo el aparato completo, incluido el cartucho. ¿Por qué las cosas duran cada vez menos? La respuesta es evidente: han sido diseñadas para romperse en poco tiempo, para quedarse anticuadas en unos meses, para empujarnos en esta loca carrera del consumo compulsivo. Se llama “obsolescencia programada” y está provocando el mayor derroche de recursos de todos los tiempos.

Una práctica empresarial surgida a comienzos del siglo XX que reduce de forma deliberada la vida de los productos para incrementar su consumo porque, como ya instruía en 1928 una influyente revista de publicidad norteamericana,

“un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”.

Empezaron con las bombillas. Todavía hay una en un parque de bomberos de California que lleva encendida ininterrumpidamente desde 1901 [se puede ver a tiempo real en una webcam], pero se modificó el exitoso diseño inicial para que no duraran más de 1.000 horas. Lo mismo se hizo con las medias de nylon. Las primeras no se rompían ni a mordiscos y ahora no resisten una mañana sin hacerse carreras y acabar en la basura. La moda rápida nos ha troquelado aún más en este despilfarrador comportamiento del usar y tirar, en el deseo de tenerlo todo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario.