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jueves, 8 de enero de 2026

Decir palabrotas mejora el rendimiento físico y alivia el dolor

 


Si te has dado un golpe en el meñique del pie algún día, quizá habrás soltado un par de groserías. ¿Has notado un alivio del dolor al decir palabrotas? 


Según un nuevo estudio, las palabrotas tienen un efecto hipoalgésico, es decir, ayudan a disminuir la sensibilidad al dolor. Richard Stephens, coautor y psicólogo de la Universidad de Keele, se interesó en estudiar los posibles beneficios que tienen las palabrotas después de observar a su mujer durante el parto, preguntándose si realmente alivian el dolor. Después de publicar un estudio en 2009, Stephens dijo que decir palabrotas es común a la hora de estar sufriendo y seguramente exista una razón.

Para el estudio se observó a 67 estudiantes universitarios que sumergieron las manos en un cubo de agua helada. Los científicos les indicaron que dijeran palabrotas de manera repetitiva o que, por lo contrario, dijeran una palabra neutra. Los participantes pudieron confirmar que al decir palabrotas el dolor se redujo considerablemente, y que además, podían aguantar con las manos en el cubo unos 40 segundos más, en comparación a cuando no las decían.

El equipo de investigadores demostró que el efecto analgésico funciona mejor en personas que no dicen palabrotas con frecuencia. También descubrieron que la frecuencia cardíaca aumenta cuando una persona dice palabrotas. Sin embargo, otros investigadores señalan que decir tacos puede distraer la atención del dolor en lugar de actuar como un analgésico.

En 2020, el equipo de Stephens realizó un estudio de seguimiento, utilizando la misma metodología que en 2009. Se les pidió a los participantes que dijeran una palabrota, como la palabra “fuck”. El resultado que obtuvieron fue que tuvo algún efecto analgésico sobre el dolor. Se les pidió que indicarán en qué momento tener la mano en agua helada les empezaba a doler. Los participantes que decían palabrotas aguantaron más tiempo antes de sentir dolor.

Decir palabrotas y la resistencia física

En este estudio, Stephens investigó cómo decir tacos reduce la sensación de fatiga. Normalmente, decir palabrotas es algo negativo. En este caso, y basándose en los artículos de su equipo de 2018 y 2022, se demuestra que pueden mejorar la fuerza haciendo flexiones en una silla. Stephens afirma que decir palabrotas permite esforzarse más en diferentes situaciones.

El experimento se dividió en dos. En la primera parte, se pidió a los participantes que seleccionaran una palabrota que usarían de forma habitual, por ejemplo, después de golpearse y, por otro lado, una palabra neutra para describir un objeto, por ejemplo una mesa. Tuvieron que hacer flexiones en una silla y quedarse quietos con los pies levantados del suelo el mayor tiempo posible, diciendo o la palabrota, o la palabra neutra repetidamente. Después, se evaluó el estado mental de los participantes a través de una encuesta.

El resultado de este estudio indicó que las personas que dijeron palabrotas pudieron aguantar más tiempo su peso corporal en el aire que quienes dijeron la palabra neutra. Esto confirma los resultados de estudios similares que se hicieron anteriormente. Además, los participantes confirmaron haberse distraído y sentirse más seguros de sí mismos.

Estos resultados ayudan a comprender por qué decir palabrotas es tan común, es una herramienta sin calorías, sin fármacos y de bajo coste, disponible cuando lo necesitamos, según Stephens.

Así que, si todavía te duele este golpe en el pie, no dudes en decir palabrotas para aliviar el dolor que sientes.

sábado, 29 de junio de 2013

Seis cosas que influyen en cuánto dolor sientes


En la experiencia del dolor influyen muchos factores. Estos son algunos de los identificados por la ciencia en los últimos años.

La intención, cuenta. Cualquier dolencia es más intensa si consideramos que alguien nos hace daño intencionadamente, mientras que si pensamos que el dolor se ha producido debido un mero accidente resulta mucho más liviano, según probaba hace poco Kurt Gray en un estudio publicado en la revista Psychological Science.

Nivel educativo. Las estadísticas revelan que los individuos con niveles educativos más bajos sufren dolor durante más tiempo a lo largo de su vida, un 12% más para ser exactos.

Soledad. Somos más propensos a sentir dolor estando solos que en compañía de nuestros amigos o nuestra pareja.

Olor y dolor. Los olores desagradables pueden aumentar mucho la sensación de dolor, mientras que un buen aroma actúa como un poderoso analgésico, según se podía leer recientemente en un estudio publicado en la revista Pain.

Cuestión de fe. Un equipo de neurocientíficos de las universidades de Oxford y Cambridge demostró que mirando una imagen religiosa los devotos católicos experimentan un 12 % menos dolor que los ateos y agnósticos. Al comparar la actividad cerebral de los dos grupos, los investigadores identificaron que la diferencia residía en que solo en los creyentes se había activado la corteza prefrontal ventrolateral derecha.

Caricias. Cuando se trata de dolor tampoco hay que menospreciar el poder de una caricia. De acuerdo con el neurocientífico británico Francis McGlone, de la Universidad de Liverpool, existe un sistema de fibras nerviosas de la piel que responde específicamente a estímulos de placer, como las caricias. Y cuando son estimuladas, la actividad de los nervios conductores del dolor disminuye considerablemente. Claro que no vale cualquier caricia. Según McGlone, para que surta efecto hay que acariciar lentamente y ejerciendo muy poca presión.