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lunes, 14 de enero de 2019

¿Qué pasaría si no hubiera Luna?




Nuestro planeta es único porque posee un satélite excepcionalmente grande: la Luna. De hecho, formamos un sistema planetario doble, algo absolutamente anómalo entre los planetas del Sistema Solar. Hasta su nacimiento fue anómalo: nuestro satélite nació cuando nuestro planeta estaba en su infancia y tras el impacto de un objeto mayor que Marte.

Si no hubiera Luna desaparecerían los eclipses y las noches serían mucho más oscuras. Las mareas también serían diferentes: de hecho, serían más pequeñas, alrededor de un tercio de lo que son ahora. Todo lo contrario a la época en que se formó la Luna: como se encontraba más cerca de la Tierra, ¡las mareas llegaban a los 9 metros!

Pero lo más interesante sería lo que sucedería a nuestro propio planeta. No somos conscientes del papel que desempeña nuestro (mal llamado) 'satélite' en la estabilidad de los movimientos de la Tierra. Por un lado, la presencia de la Luna frena la rotación terrestre, aunque de un modo muy, muy pequeño: del orden de unos pocos microsegundos por año. Claro que al cabo de los 5.000 millones de años que lleva nuestro planeta dando vueltas alrededor del Sol significa un buen pico. De hecho, sin Luna el día no duraría 24 horas sino ¡de 6 a 8 horas!


Y no solo eso. Sin ella la orientación del eje de la Tierra no se mantendría estable y experimentaría variaciones caóticas ´con el tiempo. Que estemos disfrutando de una sucesión regular de las estaciones durante millones de años es gracias a la Luna. Marte, por ejemplo, tiene dos lunas minúsculas y su eje de rotación ha cambiado 60º en los últimos 10 millones de años (en comparación, el eje terrestre oscila solo 1,5º cada 41.000 años). Las consecuencias climatológicas de una variación caótica del eje de rotación harían muy difícil que la vida evolucionara como lo ha hecho en el planeta.

Fuente: muy interesante

martes, 27 de marzo de 2012

Las mejores imágenes astronómicas




A principios del mes de marzo muchas personas pudieron observar una conjunción planetaria entre Júpiter y Venus. Para los despistados que se perdieron este espectacular evento astronómico, las altas esferas nos ofrecen estos días un nuevo pase en el que, además, la Luna hará acto de presencia.


Dos planetas están en conjunción cuando aparecen muy juntos al observarlos desde un tercero, en este caso la Tierra. En realidad la conjunción es un efecto de perspectiva, ya que realmente hay millones de kilómetros entre los planetas, pero vistos desde la Tierra parece que están casi tocándose.

El día 13 de marzo se dio el máximo acercamiento entre Júpiter y Venus. Como ambos son muy brillantes, son fáciles de identificar y el acontecimiento pudo observarse incluso desde las grandes ciudades con mucha contaminación lumínica. Pero el espectáculo no ha terminado. Durante las noches del 25, 26 y 27 de marzo la Luna se incorpora al evento y escolta a los dos planetas en el cielo del atardecer. En la noche del 25 la Luna se pudo observar muy cerca de Júpiter, mientras que el 26 será Venus quien se encuentre junto a nuestro satélite. Y para terminar, el día 27 de marzo, además de tener alineados a los tres astros, será el momento en el que Venus alcance su máxima separación del Sol y, por tanto, la mejor ocasión de observar Venus en buenas condiciones en los atardeceres de 2012.

Para observar el fenómeno no son necesarios prismáticos ni telescopio, basta situarse en un lugar orientado al oeste y desde el que el horizonte quede despejado. Hay que esperar unos 30 minutos tras la puesta del Sol para que la claridad del crepúsculo no sea tan intensa, aunque la conjunción también se puede observar sin problemas en noche cerrada. 
De muy interesante. 

viernes, 30 de diciembre de 2011

Los Reyes Magos no encuentran la estrella de Navidad que los guíe



Esto de ser Rey Mago es cada año más difícil, y no me refiero a los esfuerzos económicos que tal labor conlleva. Hace 2012 años, año más, año menos, los cielos nocturnos reventaban de estrellas. Hasta se decía entonces que los astros estaban engarzados en esferas de cristal cuyo giro producía un sonido mágico.

Pero esa música celestial ha desaparecido, como también han desaparecido las propias estrellas. Y si no, hagan la prueba y miren esta noche el cielo ¿cuántas pueden ver? Si viven en una ciudad reconocerán con suerte al luminoso Sirius, nuestro particular faro del Universo. La contaminación lumínica nos ha arrebatado en apenas unas pocas décadas el espectáculo más impresionante de todos, los cielos estrellados. Ha condenado así a los Reyes Magos a vagar de centro comercial en centro comercial, desorientados, incapaces de dar con el cometa que les señale el camino hacia nuestras ilusiones navideñas.

¿Tiene sentido seguir derrochando electricidad en estas fiestas? Si lo hacemos para animar el consumo ¿por qué no se apagan las luces cuando cierran los comercios? Si añadimos una gran iluminación extra en calles habitualmente bien iluminadas ¿por qué no apagamos mientras tanto las farolas? Si es para celebrar la Navidad ¿por qué no se encienden sólo durante las fiestas?

El problema no es sólo de estas fechas. España es, junto con Italia y Portugal, el país más derrochador en iluminación de toda Europa. Y de nuestras ciudades, las mediterráneas como Valencia, Alicante o Murcia tienen el récord. Su contaminación lumínica es hasta tres veces más intensa que la de Madrid o Barcelona. ¿Alguna explicación lógica? No.

El problema es que ya no valoramos lo auténticamente bueno, el silencio, las estrellas, el aire puro y  porque hay otra manera de encender la noche, seamos eficientes, iluminemos nuestra vida.